La rica cocina sevillana apenas tiene reflejo en su callejero. Salvo excepciones. Algunos vecinos de San Jerónimo y de Valdezorras pueden presumir de vivir en una de las zonas más apetecibles de Sevilla, gastronómicamente hablando. ¿A quién no le gusta una corvina, unos boquerones o un buen cazón? La parte norte de Sevilla abre el apetito con solo mencionar sus nombres.

El comensal elige. ¿Carne o pescado? Hay para todos los los gustos, aunque absténganse los veganos. Hay calles en el distrito Norte que son para llevarse a la boca. Valdezorras, para los adictos a la carne, se encuentran vías dedicadas al ciervo, al jabalí al toro o, como ingrediente imprescindible de la dieta mediterránea, al aceite. No especifica si de trata de girasol u oliva ni de si este es virgen extra, refinado o cualquiera sus más diversas formas.

Tampoco se dan pistas de la forma en la que estos productos salen de la cocina. Queda a expensas del chef decidir si el jabalí adopta forma de estofado; el ciervo en caldereta o el toro, que hasta el rabo todo lo es, hecho croquetas. Aunque para ausencia, la del rey de la gastronomía: el cerdo. Que, a pesar de sus bondades culinarias, no ha conseguido los méritos necesarios para alzar su nombre en el nomenclátor.

No hay que salir de los límites del distrito para echarse a la boca, en sentido figurado, el sabor del mar. En San Jerónimo se encuentra un núcleo de calles con nombres de manjares marineros. Boquerones (fritos, en vinagre…), corvina (en croqueta, a la brasa…), pez espada (mejor a la plancha), el mejillón (para acompañar a las paellas o esperando su sino con un chorro de limón) o la dorada (de piscifactoría o salvaje. Hay merecidos homenajes como el caso de la Pavía, en los límites del Casco Antiguo.

Para regar las viandas, dos opciones, una buena manzanilla (que tiene su calle en el distrito Sur) de Sanlúcar para los pescados; o un rioja (sea válida la del Casco Antiguo) para las carnes. El postre se le atraganta al callejero sevillano, que no contempla en sus vías a ningún dulce. ¡Con lo que han hecho las torrijas, los pestiños o los calentitos en los paladares!