En el barrio de San José Obrero se encuentra una calle de lo más sevillana. Es recoleta, no muy larga, de bloques blancos y burdeos, no más de tres plantas, y repleta de naranjos. Pero la sevillanía sobre todo se la da su nombre, Antonio Filpo Rojas, una figura necesaria para comprender algunos aspectos de la ciudad.

Este sevillano llegó a lo más alto en el prisma laboral. Letrado de profesión, terminó por convertirse en el Decano del Ilustre Colegio de Abogados de Sevilla. Paralelamente, su interés por la política le llevó a ostentar cargos en el Ayuntamiento hispalense, como el de Teniente de alcalde, y en la Diputación provincial.

Manifiesta fue su afición por la tauromaquia, que le llevó a protagonizar un momento clave en la historia reciente del coso sevillano. En plena feria de San Miguel de 1915, Antonio Filpo presidió una corrida en la que Joselito El Gallo realizó una faena de perfecta técnica e intensa ovación.

Ante tal espectáculo, Filpo decidió otorgar la oreja al matador, siendo la primera vez que ocurría tal hecho en la Plaza de la Maestranza, pues el simbólico trofeo rara vez se entregaba en España desde su instauración en 1876 en Las Ventas.

Entre otros episodios sonados de su vida de se encuentra un importante robo de alhajas, propiedad de este notorio sevillano, que concluyó felizmente al detenerse al ladrón en Málaga, en marzo de 1927.

Filpo y La Semana Santa

Si usted revisa el escudo de Sevilla, verá que ostenta varios títulos. Preste atención al último: «Mariana», sin restarles importancia a los que le fuesen otorgados con orgullo en la Edad Media y a lo largo del siglo XIX.

Aquí lo curioso es la iniciativa, pues fue el mismo Filpo Rojas quien quiso que se reconociera formalmente el amor que la ciudad siempre ha profesado a la Virgen María.

Banderín de San Bernardo «Sevilla Mariana»

Banderín de San Bernardo «Sevilla Mariana»

Ocurrió el 10 de junio de 1945. Antonio Filpo cumplía veinticinco años como hermano de San Bernardo. Tras hacerle entrega de una placa de plata, el homenajeado planteó la posibilidad de que se añadiera el título a los que ya lucía la ciudad en su blasón. Las razones se basaban en la presencia de la Virgen de los Reyes como patrona de la Archidiócesis hispalense y la proclamación del Dogma de la Asunción, que se encontraba en ciernes. La decisión no se hizo esperar, incluyéndose tal título el 22 de noviembre de 1946.

Pero sobre todo, Filpo Rojas será recordado por su amor a la Semana Grande y sus cofradías, sentimientos que plasmó en el Pregón de la Semana Santa de Sevilla de 1949, cuando aún se declamaba en el extinto Teatro de San Fernando. El texto, que recibió muy buenas críticas, alabó a numerosas imágenes, sobre todo de las jornadas del Jueves y Viernes Santo, y tuvo múltiples referencias a personalidades de la época.

Para recordar fue su gestión como Hermano Mayor de San Bernardo, y sus buenas relaciones con el resto de corporaciones. Aún se rememora la Estación de Penitencia de 1924, cuando los Hermanos Mayores del Dulce Nombre, El Cristo de Burgos y La Carretería formaron parte del cortejo vistiendo sus respectivas túnicas. Las corporaciones habían planteado unas rifas sin los permisos legales. Gracias a la figura de Filpo Rojas pudieron salir de los problemas económicos a los que se enfrentaban.

Su inestimable labor cofradiera fue continuada por su hijo, Antonio Filpo Stevens, que también ostentó la máxima representación en la hermandad del Miércoles Santo y en la de El Silencio.

Antonio Filpo Rojas falleció a finales de marzo de 1955, dejando un sentido vacío entre sus hermanos de San Bernardo, sus colegas de la abogacía y prácticamente en Sevilla entera, pues fueron muchos los momentos en los que había desempeñado un papel vital, a través de las múltiples aristas de su potente personalidad.