Fue toda una satisfactoria sorpresa. En 2010, un «nuevo» cuadro de Velázquez «emergía» de la lejana Universidad de Yale para evidenciar no sólo su autoría, sino el hecho de que el pintor lo hubiese ejecutado en la capital hispalense.

Tras ser datado y confirmado, con una profunda y vital restauración de por medio, «La educación de la Virgen» regresó a Sevilla la pasada semana, para ser objeto de un simposio y una exposición que le acercará a los amantes del arte hasta el próximo 15 de enero dentro del Espacio Santa Clara.

La ciudad siempre se ha volcado con el que es, con permiso de Bartolomé Esteban Murillo, su pintor más célebre y universal. Un buen termómetro de la admiración de un lugar por una personalidad es su presencia en el nomenclátor.

Los «Tres Músicos», una de las primeras obras de Velázquez

Los «Tres Músicos», una de las primeras obras

Y es que, amén de su conocido monumento en la plaza del Duque de la Victoria, y de la céntrica calle que lleva su apellido, Diego Rodríguez de Silva posee una decena de nombres en el callejero sevillano.

Se encuentran en el Polígono de San Pablo, barrio consagrado al flamenco, el toreo, grandes ciudades del «Asia Menor» y, lo que nos ocupa, las artes. Recogidas en el sector B, una docena de calles repasan las distintas etapas del pintor.

De la primera época, esa a la que hace referencia «La educación de la Virgen», figuran los «Tres músicos», «El Aguador de Sevilla» y «La cena de Emaús», aquí reflejado por su sobrenombre de «La mulata».

De la primera etapa madrileña el viario de San Pablo recupera dos obras, a las que renombra. «El triunfo de Baco» se convierte aquí en La Exaltación de Baco y la doliente «Cristo contemplado por el alma cristiana» se resume en la plaza del Cristo y Alma. Aledaña se encuentra la calle Fragua de Vulcano, aludiendo al notorio lienzo de su primer viaje a Italia.

La gran sensibilidad de «Cristo contemplado por el alma cristiana» queda homenajeada en la plaza de Cristo y Alma del Polígono de San Pablo

La sensibilidad de «Cristo contemplado por el alma cristiana» queda homenajeada en la plaza de Cristo y Alma de San Pablo

En este barrio se encuentra una de las pocas, si no la única, calle de Sevilla dedicada a un crucificado que no representa a una imagen procesional. Se trata de Cristo de Velázquez, otra obra cumbre del artista, ya en su segunda etapa madrileña. De este arco temporal rezan otras obras en las calles «Niño de Vallecas», «Menippo» y «La Venus del Espejo».

Por último, el Velázquez de la madurez, queda homenajeado en sus dos obras clave, «La Familia de Carlos IV» y «La fábula de Aracne», que en San Pablo son la plaza de Las Meninas y la calle Las Hilanderas, aprovechando sus apelativos más extendidos.

Azulejo en la calle Sierpes / Sevilla Daily Photo

Azulejo en la calle Sierpes / Sevilla Daily Photo

Uno de sus lienzos fundamentales, decenas dentro de su profusa obra que supera los 120 cuadros, es «La Rendición de Breda», sin embargo no aparece entre las calles del barrio.

Eso no quiere decir que no tenga su hueco en Sevilla. En el Casco Antiguo, no muy lejos de la calle del pintor.

En el antiguo edificio de Seguros Velázquez de la calle Sierpes con Santa María de Gracia, y actualmente en obras, luce un azulejo que reproduce el cuadro de «Las lanzas», sobre el cual figura el propio artista en una disposición que recuerda a su estatua frente al Museo del Prado.

Tal vez sea esta época de redescubrimiento la que lo sitúe como nombre en el viario junto a «La educación del Virgen». La obra, de 1617, no sólo ha recuperado su esplendor, sino que ha avivado la llama de Sevilla por el «Pintor de pintores».