Aunque la Feria de Abril es el territorio de las Sevillanas, con permiso de las alegres rumbas, es posible que, con un poco de suerte, usted se vea inmerso en una reunión en la que se despache, con arte, un completo recital en el que se toque más de un palo del flamenco. Tómese el callejero del barrio de San Pablo como índice para repasar cómo suenan y de dónde vienen esos sentidos cantes.

La arteria principal del Polígono de San Pablo es la avenida de la Soléa, que atraviesa el barrio desde el Greco a la calle Éfeso. Algo así ocurre con el flamenco, del que este cante es pilar fundamental. Es un estilo profundo y melancólico, que nació en Cádiz, pasó por Jerez y terminó de coger cuerpo en Triana, en el Zurraque, para más señas. No es fácil reconocerlo, pues hay rasgos de la Soleá en la mayoría de los cantes jondos. De hecho, hay quien piensa que quien la domina puede cantar cualquier otro palo. Una excepcional representación de la Soleá era la que salía de la garganta de Paco Taranto.

Las Seguirillas y las Bulerías completan la tríada fundamental del flamenco. Conectadas entre sí y también sobre el mapa, pues llevan de la avenida de la Soleá a la calle Tarso. En el primer caso, podríamos decir que es, sino el más antiguo, uno de los cantes con más trayectoria pues sus orígenes se remontan al siglo XIX. Se identifica con tener poca letra y, sobre todo, mucho sentimiento, no en vano deriva de los cantos de las plañideras. También se le conoce como «Seguiriya playera», posiblemente por una deformación del término anteriormente citado. Manuel Molina fue una figura clave de este cante, en su modalidad «de cambio».

Camarón y Paco de Lucía, que dieron a la bulería aún más lustre

Camarón y Paco de Lucía, que dieron al cante flamenco de la bulería aún más lustre

Sobre la Bulería poco queda que decir. Camarón de la Isla y Paco de Lucía se encargaron de dar aún más calidad y popularidad a uno de los palos fundamentales y más extendido en la actualidad, gozando de buena consideración tanto por los flamencos como por la crítica, pero que nació como una manera de acompañar al baile. El Barrio de Santiago de Jerez pudo ser el lugar de origen de este palo, que remataba con mayor ritmo la Soleá, y que hoy por hoy es acierto seguro en una fiesta o feria.

Junto a la calle Las Bulerías se encuentra la de La Zambra, cante que pertenece al grupo de los Tangos y tientos, como ocurre con La Farruca, El Garrotín y Los Tanguillos, todos ellos con presencia en el callejero de San Pablo. Estos cantes parecen provenir de Afroamérica, lo cual no es de extrañar sabiendo que fue en Cádiz, puerto de mar, donde se empezaron a interpretar. En el Polígono también se encuentra la calle Alboreá, que es una forma de baile de la Zambra, con la que los gitanos del Sacromonte ponían ritmo a sus rituales y ceremonias de boda, aunque también es Zambra el estilo teatral con el que Manolo Caracol recreaba en sus espectáculos, precisamente, el ambiente de las cuevas de Granada.

No muy lejos el transeunte se topa con la calle La Jabera, que es uno de los cantes del flamenco que podemos agrupar, junto con La Rondeña, La Media Granaína y Las Verdiales, en el conjunto de Las Malagueñas, que también se encuentran, dispersas, por el barrio.

La Feria de Abril suele ser escenario de cantes de procedencia americana. Las rumbas, sin ir más lejos, pero también las peteneras, las guajiras o las colombianas. En este caso, la representación en el callejero se hace con la avenida de la Petenera, que sonaba especialmente bien en la voz de Naranjito de Triana o La Niña de los Peines.

Las Sevillanas también rotulan San Pablo. De hecho es una de las calles que conecta con la Avenida del Greco, vía que comunica el Polígono con otros barrios de la ciudad, camino que le llevará en busca del Real de la Feria, donde tanto flamenco se canta y baila.