A la hora de revisar el rico pasado de la capital hispalense, sorprenden determinados episodios que hoy resultan de lo más llamativo. Así, durante el siglo XIX, Sevilla fue capital mundial en la concentración de industrias militares, aunque dicha centuria no fuera sino la confirmación de una tendencia que se había ido fraguando siglos antes.

Conocida es la Fundición sevillana de cañones, al igual que la fábrica donde se creaban fusiles o la Pirotecnia Militar, sin embargo, desde mediados del XVIII, en la ciudad también se había producido el fundamental material bélico, la pólvora. Concretamente en la Real Fábrica de Salitre, situada en el entorno de la Puerta Osario.

Plano de 1786 donde el Tagarete es el surco azulado y la Fábrica de Salitre, abajo, el cuadro perfilado en rojo

Plano de 1786 donde el Tagarete es el surco azulado y la Fábrica de Salitre, abajo, el cuadro en rojo

El orígen de esta fábrica habría que buscarlo en 1757, cuando el entonces Rey Fernando VI autorizó la creación de esta necesaria industria en la convulsa España de la etapa contemporánea, tras el concienzudo estudio de un maestro polvorista granadino.

Teniendo en cuenta que el río Tagarete, que por entonces pasaba muy cerca de la actual María Auxiliadora (por la presente calle Arroyo, sin ir más lejos), se caracterizaba por una importante presencia de salitre en sus aguas, y que, anexas a la muralla almohade, existían unas tierras bastante pantanosas, se decidió ubicar la fábrica en lo que hoy son los Jardines del Valle.

Para ello se dispuso una parcela triangular, cedida por el Ayuntamiento, entre la desaparecida Puerta del Sol y la citada del Osario, que fue cercada con una tapia de unos seis metros de alto, rematada en almenas y que llegó a contar con tres portadas en su fachada principal.

Como explica Enrique de la Vega, la Fábrica de Salitre no sólo creaba la pólvora, sino que también «recibía productos sin refinar de algunas salitreras particulares, principalmente de algunos pueblos de la provincia».

 Proceso químico

¿Qué tiene que ver el salitre con la pólvora? Se preguntará. La respuesta es sencilla, y es que las tres cuartas partes de este explosivo corresponden al citado mineral salino, blanco, translúcido y brillante. Fueron los chinos los que al parecer investigaron inicialmente las posibilidades del salitre, que además tiene propiedades fertilizantes.

Para más señas, el químico galo Louis Proust explicaba en un informe la manera clásica francesa de producir pólvora a partir de sus distintos componentes: «Échanse en un mortero veinte libras de la mezcla ordinaria de salitre, azufre, carbón y agua, y al cabo de 21 horas de triturar estos materiales, se saca la pasta todavía húmeda para llevarla a granear. Se granea la pólvora, se alisa, se seca, se criba, etc., y de este método se fabrican mil y seiscientas libras de pólvora al día».

La fábrica fue creciendo progresivamente, instalando sus almacenes y cristalizadores al otro lado de la calle Arrebolera, hoy María Auxiliadora. En el recinto principal se levantaron oficinas e incluso una capilla, perteneciente a la collación de San Roque, que fue bendecida en octubre de 1762, dando así comienzo sus asiduos cultos.

Los Jardines del Valle se alzan sobre el antiguo solar de la Real Fábrica de Salitre / Fran Piñero

Los Jardines del Valle se alzan sobre el antiguo solar de la Real Fábrica de Salitre / Fran Piñero

El final de la Fábrica de salitre fue de la mano del término de la centuria, y de la crisis de los materiales. Los suministros cayeron considerablemente al tiempo en que aumentaba su demanda debido a la Guerra contra Francia, que obligó al estado español a comprar pólvora en el extranjero, en especial Inglaterra, a un precio muchísimo más alto. La Real Hacienda, titular de la institución, la vendió a la adinerada familia Cárdenas en 1818. Poco después cesaría su actividad.

Del uso bélico al docente. La Marquesa de Villanueva adquirió terrenos aledaños para el «Colegio del Valle», nombre popular con el que se conocía al centro del Sagrado Corazón. Los actuales Jardines del Valle se levantan, precisamente, sobre el antiguo patio escolar.

En el lugar de los almacenes se instaló «en 1858 la feria de ganado que se celebraba en la plaza Ponce de León; más tarde se convirtió en mercado de reses vacuna y porcina, que era conocido como Perneo», explica Joaquín Cortés José en «Sevilla Extramuros».

El último cambio «institucional» llegaría a comienzos del siglo XX con el Laboratorio Municipal, que ocupa en la actualidad parte del recinto de la olvidada Fábrica de Salitre, orgullo defensivo de Sevilla.