La esencia de Sevilla no sólo puede plasmarse en lienzos, fotografías o creaciones gastronómicas. Existen otras técnicas capaces de recoger el gusto hispalense, sus tradiciones, e incluso llegar a reproducir con fidelidad escenas de la ciudad. Como el Encaje de bolillos.

En el Polígono de San Pablo lo saben bien. Mari Conchi García, experta encajera, se ha encargado de inculcar la pasión por esta centenaria labor a las 30 alumnas que integran el taller sociocultural que ella imparte desde hace años.

El pasado viernes culminaba la exposición extraordinaria que, en el Centro Cívico Periodista Manuel Barrios, daba a conocer las diversas aplicaciones de esta técnica. Chales, pañuelos, abanicos, pendientes, adornos para zapatos… y piezas ornamentales.

No sólo el clásico paño para mesitas o sofás. También trabajos que recogían, en versión textil, monumentos como La Giralda, el Arco de la Macarena, los Caños de Carmona o el Templete de la Cruz del Campo, emblema del Distrito, entre otros.

Diversas aplicaciones del Encaje de Bolillos, las que trabajan en el taller sociocultural de San Pablo-Santa Justa / Fran Piñero

Diversas aplicaciones del Encaje de Bolillos, las que trabajan en el taller sociocultural de San Pablo-Santa Justa / Fran Piñero

«Hubo una época en que se vendía mucho encaje. Hoy lo hacemos por entretenimiento, y porque, aunque relaja, también ejercita la mente y fortalece los dedos frente a enfermedades como la artrosis», comenta Mari Conchi, que diversifica sus lecciones en base a los distintos niveles de conocimiento que tiene el grupo.

Sus alumnas suscriben cada palabra. Ya conocen como hacer un «picado», o patrón, distinguen las diferencias entre los estilos internacionales y no se amilanan ante los «500 pares de bolillos que puede implicar hacer un chal».

Siempre les había llamado la atención. Desde la infancia, observando a las abuelas en casa. Pero la juventud las distraía con otras actividades.

Esta muestra no es el final del camino, más bien el punto de arranque. Su día grande llegará el 16 de mayo, cuando se celebre el VIII Encuentro Anual de Encajeras, del que Mari Conchi fue promotora en 2008. Este año en el recién inaugurado Monasterio de San Jerónimo.

Hablamos de una reunión de alcance nacional, que concentra a 500 personas, muchos de ellos hombres, «que tienen una técnica e ideas envidiables», añade.

Coloridos pendientes a base de Encaje de bolillos / Fran Piñero

Coloridos pendientes a base de Encaje de bolillos / Fran Piñero

El Encuentro nació al amparo de los Presupuestos Participativos y hoy en día depende de Participación Ciudadana, lo que da prioridad a los asistentes sevillanos. «Sería ideal contar con más plazas, porque mucha gente de todo el país estaría interesada en venir», concluye Mari Conchi.

El Numérico

Sevilla tiene incluso su propio tipo de encaje, «el Numérico sevillano», de cinta, y «hecho con pocos pares de bolillos», que curiosamente se desarrolló más en la localidad pacense de Hinojosa del Valle.

Cándida García de Irajudo, natural de Almagro pero afincada en San Juan de Aznalfarache en las primeras décadas del siglo XX, exportó su creación a Extremadura por petición de una aristócrata.

M. Conchi García muestra el «Numérico sevillano» / F.P.

M.C. García muestra el «Numérico sevillano» / F.P.

Ya en el siglo XIX, las señoras, como entretenimiento, hacían encajes que luego regalaban para ajuares o iglesias.

«Pero se limitaban al tipo de Brujas, Valenciennes o Guipur», explica Isabel de Olmedo Fernández, autora del libro «Encaje numérico sevillano».

El revolucionario estilo surgió, al parecer, cuando Cándida García replicó, incorporando modificaciones, «un encaje tipo Duquesa de Bruselas, que había sido regalado por San Luis, rey de Francia, al infante Don Felipe, y que se encontraba en la Capilla de la Virgen de los Reyes».

La forma de tejer derivó en una próspera cooperativa que, desde Hinojosa del Valle, llevó a gala el Numérico sevillano. Estilo que no falta en las propuestas del taller de Encaje de Bolillos de San Pablo-Santa Justa.