En el Club Deportivo El Pilar del Polígono San Pablo el ascenso de categoría es «importante», aunque «no es la meta final», pues el verdadero objetivo es «inculcar a los 200 niños que tenemos jugando en nuestros equipos valores como la deportividad, la solidaridad, la amistad y la vida sana», declara el presidente, José Segura.

La entidad cuenta con todos sus equipos federados, compitiendo uno de ellos en la categoría de Cadete, dos en Infantil, dos en Alevín, otros dos en Prebenjamín y uno en la nueva escala creada por la federación sevillana de fútbol denominada Bebé, que acoge a niños de entre 4 y 5 años. Además, El Pilar cuenta con la Unión Deportiva Soleá como filial, donde juegan tanto a fútbol como a fútbol siete las categorías Juvenil y Senior.

El club nació en el año 93 por iniciativa de «algunos miembros de la asociación de vecinos La Unidad, del barrio B del Polígono San Pablo, personas con inquietudes deportivas y con ganas de trabajar en beneficio del barrio, implicándose por sacar a los niños de las calles y enseñarles valores a través del deporte, una acción que dos décadas después sigue siendo seña de identidad de este club», explica Segura.

Por ello, los entrenamientos y torneos que organiza El Pilar se combinan con la celebración de otras actividades formativas, como charlas educativas de la mano de árbitros o de conocidos futbolistas del Sevilla FC o del Real Betis Balompié, «ídolos para los pequeños y modelos a seguir, por lo que los mensajes respecto al juego limpio y la solidaridad calan bastante en los chavales», señala el presidente.

Además, la entidad deportiva se implica mucho en cualquier actividad que se organice en el barrio, ya provenga de asociaciones vecinales, peñas culturales o de entidades cofrades. Así, por ejemplo, «montamos una caseta en la Velá del Polígono San Pablo, con el objetivo de recaudar fondos, y celebramos también el día del Pilar o el día del Soleá, ya que nuestra finalidad es que todos los niños puedan jugar al fútbol aunque no tengan recursos económicos, pues lo que hacemos es que les entregamos 60 papeletas para que las vendan a dos euros cada una, y de ahí se costean tanto las equipaciones y el material deportivo como el carné de socios».

Al final de la temporada, «todos los niños se van a casa con su trofeo, en una jornada de convivencia en la que participan también los padres, que suelen preparar platos para disfrutar de una comida de hermandad, un evento que sirve también para que los menores estrechen lazos de amistad fuera del campo de juego», concluye el presidente.