El tiempo libre que brinda el verano es una ocasión perfecta para entregarse a largas y distendidas partidas de ajedrez. En Sevilla hay varios lugares donde poder seguir practicándolo durante todo el año, pero queremos destacar uno: la Casa del Ajedrez. Allí, entre su mobiliario, resalta una simbólica mesa que bien podría ser objeto de musealización por su valor simbólico. Se trata del soporte sobre el que jugaron las dos leyendas más grandes: Kárpov y Kaspárov.

Cartel del Mundial 1987

Cartel del Mundial de Ajedrez 1987

Habría que remontarse a 1987, un año esencial para la Sevilla deportiva al convertirse en sede del Campeonato Mundial de Ajedrez, que se jugó en el Teatro Lope de Vega. Eran los previos de la Expo 92, cuyo logo figuraba en el lateral de la mesa, pero también un momento de cisma dentro de la Unión Soviética, a la que le quedarían tres años para desaparecer.

En medio de esa historia dos jugadores. Dos símbolos. Anatoli Kárpov, natural de los Montes Urales y bastión de la Rusia clásica, y Garri Kaspárov, de Azerbayán y encarnando una renovación a todos los niveles. Sus diferencias también se extrapolaban a su manera de jugar. Y la tensión nacional se dejaba sentir en su rivalidad, cercana al odio.

Toda esa carga emocional «reposó» sobre la mesa que se halla en las instalaciones del Palacio de Deportes de San Pablo destinadas desde 2006 a la Casa del Ajedrez. Uno de los miembros de la directiva, Victor Zarandieta, no duda en calificarla como «un elemento que da respeto. A veces la utilizamos para las explicaciones, pero los aficionados de cierta edad se acercan a ella como un objeto de culto».

De hecho, es un estilo de tablero antiguo. «Los actuales tienen números y letras delimitando las filas y columnas», añade. Habría que añadir que, pese al ofrecimiento de mesas «históricas», como una que se encontraba en el Círculo de Labradores, finalmente se optó por este tablero creado ex profeso, como recuerda el que fuese árbitro auxiliar en el mundial, Joaquín Espejo.

La mesa-tablero donde jugaron Kaspárov y Kárpov, y la silla roja donde se sentó éste

La mesa-tablero donde disputaron el mundial Kaspárov y Kárpov, y la humilde silla roja donde se sentó éste último

No obstante, la mesa también esconde algunas anécdotas divertidas. «Es citado en primer lugar Kasparov como campeón del mundo y cuando se sienta sonríe y nos dice “para mí OK pero me temo que Karpov no llegue a la octava fila cuando mueva sus piezas”, comenta Espejo. Efectivamente al llegar el rival, de menor estatura, se comprobó que no alcanzaba. Se recortó de urgencia.

Es un ejemplo del grado de conocimiento que tenían el uno del otro. Dos oponentes que, en aquel octubre de 1987, ya se habían enfrentado en un centenar de partidas.

La Torre del Oro como ficha de ajedrez /  J. Espejo

La Torre del Oro como pieza de ajedrez / Joaquín Espejo

Bastante llamativa resulta también la silla en la que se sentó Kárpov, de auténtico material y aspecto de oficina. Ruedas incluidas. Medios modestos para quien fuera campeón mundial durante diez años. Como no podía ser de otra forma, tampoco los asientos de ambos hacían juego. El de Kaspárov estaba fijado al suelo.

Otra curiosidad es que la propia Sevilla sirvió de inspiración para algunas de las piezas. Concretamente las torres se basaron en la Torre del Oro hispalense, incluso el propio nombre de la ciudad terminó bautizando a una recurrente técnica de arranque en las jugadas de Kárpov, que estrenó durante el citado mundial y que descolocó al meticuloso Kaspárov: la Variante Sevilla.

La mesa fue también testigo de la «humillación» a la que sometió Kaspárov a su oponente cuando, tras un error impropio de estrategas de este nivel, Kárpov perdió esa partida. Fue en el momento de la jugada equivocada cuando Kaspárov comenzó a sonreir y hacer gestos de incredulidad sin ningún tipo de disimulo.

Fue un mundial de lo más reñido. La victoria no se decidió hasta el último momento, con ambos jugadores sufriendo graves problemas de tiempo. Toda una lección para los más de 60 socios fieles de la Casa del Ajedrez, el Club Federado con mayor presencia en Sevilla capital, en especial para los más jóvenes.

La «mesa», con la firma de Kárpov abajo en primer plano

La mesa, con la firma de Kárpov en primer plano

Zarandieta es consciente de que el boom ajedrecístico de finales de los 80 y 90, que fraguó importantes torneos como el de Ciudad de Dos Hermanas o el de Linares, ha dejado una afición más comedida en la actualidad.

Sin embargo es optimista: «Ahora mismo existe un programa escolar de fomento del ajedrez por la provincia que cuenta con 1.400 inscripciones y del que seguro que surge una cantera importante, aunque habrá que ir viendo».

Volviendo a la mesa, ésta posee un valor mayor por estar autografiada. Pero sólo por uno de sus protagonistas.

No ocurrió al término del mundial, sino en una visita posterior de Kárpov a Sevilla. Fue entonces cuando plasmó su firma en la que fue la mesa de su derrota.

Tal vez sería más lógico que hubiera sido Kaspárov quien la hubiese marcado, al conseguir el título de campeón sobre ella, sin embargo, se encontraba en su momento de gloria, en constante ascenso, algo que algunos calificaron de «divismo».

Al parecer, la razón esgrimida fue que «si la mesa tuviera las firmas de ambos iba a tener demasiado valor», explica incrédulo Zarandieta. Es casi poético. Tal era su rivalidad que parece que, también en esta mesa, sólo pudiera quedar uno.