La primavera enfila su recta final en este 2015. Sin embargo, aún es posible disfrutar de la exuberancia y colorido que la estación imprime en Sevilla, una de las ciudades con más metros cuadrados verdes por habitante de España.

La prueba está en el «festival botánico» que suponen los Jardines de María Luisa, o en los inabarcables parques del Alamillo, Infanta Elena o Tamarguillo.

Sin embargo, no es necesario acudir a una gran zona verde para contemplar diversas especies, tanto de la tierra como alóctonas. Y los barrios dan buena cuenta de ello, en concreto uno que cumple en esta época sus cincuenta primeros años «de vida».

Nos referimos al Barrio A del Polígono de San Pablo, la primera muestra de un gran proyecto en el que primaban las plazuelas y las zonas ajardinadas, en esa concepción de oasis pionero dentro de la expansión de la ciudad.

Falsa pimienta en la calle Seguirilla / F.J.L.G.R

Falsa pimienta en la calle Seguirilla / F.J.L.G.R

Por la idiosincrasia de la zona, han sido los propios vecinos los que se han preocupado por cuidar, en muchos casos, las especies vegetales presentes, incluso aumentar el «catálogo» con alguna nueva incursión.

Un buen ejemplo sería Francisco José López González de Los Ríos, que en su afán por categorizar y recordar la historia del barrio A, ha realizado todo un compendio vegetal del mismo en su libro «Nomenclatura de calles, plazas y zonas ajardinadas».

«Yo, personalmente, me precio de haber plantado diversos árboles y plantas, así como de realizar periódicamente el altruista mantenimiento de varios jardines de mi entorno», explica al tiempo que asegura sentirse orgulloso de ser «Poligonero».

En la calle Alborea, por ejemplo, los habitantes plantaron «dos jazmines y una dama de noche en los alcorques que ocupaban primitivos árboles ya secos, como un ficus de gran frondosidad del que solo queda el tronco», añade.

Es el caso, también, de la calle Granaina, donde se aprovechó el espacio entre dos bloques para crear un pequeño jardín. Allí, los vecinos han recopilado «jazmines, rosales, begonias, geranios, alocasias, romero, aloe y una buganvilla», explica Francisco López.

¿Le parece una gran variedad? Pues es sólo una pequeña porción del casi centenar de especies diferentes que se concentran en el citado barrio.

La flora

«Omnipresente» es el naranjo, que cuenta con casi 500 ejemplares entre todas sus calles, siguiendo la estela que define la estética urbana sevillana. De especial lustre es el que se encuentra en la calle Malagueña.

El durillo o laurel silvestre es el segundo protagonista con 259 ejemplares, y crece, por ejemplo, en la calle Petenera. Le sigue la tipuana. De las 119 registradas por López González de Los Ríos, «lal más espectacular» es la de la plaza de los Tarantos.

En la calle Bulerías se encuentran tres esbeltas palmeras Washingtonia / F.J. López González de Los Ríos

En la calle Bulerías se encuentran tres esbeltas palmeras Washingtonia / F.J. López González de Los Ríos

Tampoco es complicado encontrarse con una palmera en el barrio A del Polígono de San Pablo. Hay 80 oportunidades de hacerlo.

Y de cuatro especies distintas. De menor a mayor presencia: palmera de Fortune, datilera, canaria y washingtonia, en la plaza de los Tarantos, calle Rondeña, plaza de la Soleá y calle Cantiñas, respectivamente.

Volviendo a los árboles frutales, el barrio A cuenta con 25 limoneros, 12 nísperos, 8 albaricoreros, 6 prunus, 6 aguacates y una decena de ejemplares entre calamondines, higueras, mandarinos, melocotoneros, papayos, manzanos y kumquats, o naranjo chino.

Pero no acaba ahí el exotismo. De la misma china proviene el árbol de Júpiter (en la imagen que abre este reportaje), que se puede admirar en la calle Tientos, y el jabonero, en la calle Sevillanas. Y para no abandonar Asia, hasta 25 ejemplares de shofora japonés «se dan cita», como ocurre en la avenida de la Soleá. Incluso un árbol de las orquídeas, «originario de la India y Birmania» sorprende en la calle Fandango.

Vistosos amarilis en el Barrio A / F.J.L.G.R

Vistosos amarilis en el Barrio A / F.J.L.G.R

De Sudamérica, por su parte, hay ejemplos en las dos falsas pimientas que lucen en la plaza del Polo y, sobre todo, en la calle Seguirilla. El ceibo de la plaza de la Debla (especie de Argentina y Uruguay) incluso la jacaranda, que reconocemos como muy sevillana pero que procede de América del Sur, completarían el bloque.

Aunque si algo define al Polígono de San Pablo son las numerosas macetas, donde se advierte más que nunca el mantenimiento de los vecinos.

Además de las plantas sevillanas por excelencia, una ruta por esta parte de Sevilla le permitirá contemplar Aves del Paraíso, calas, clivias, kalanchoes, amarilis o celindas, por citar solo algunas.

El resto conviene descubrirlo in situ, para recibir la fragancia que se escapa a estas líneas y que Francisco José López González de Los Ríos casi logra plasmar entre sus entusiastas páginas.