El Taller de Cocina del Distrito San Pablo-Santa Justa se disfruta con los cinco sentidos. Cada miércoles, un grupo de unos doce alumnos aprenden a hacer de los fogones todo un arte de la mano del chef Manolo Rincón, quien señala que «la constancia, la pasión y la organización, junto a saber comprar las materias primas» son las claves del éxito para alcanzar el podio culinario.

Los participantes, hombres y mujeres desde los 18 a los 50 años de edad, se agrupan para preparar dos platos distintos de un menú que se elige por consenso, pero atendiendo las limitaciones que presenta la cocina del centro cívico San Pablo. Tras determinar la receta en concreto «los alumnos reciben en su correo electrónico los ingredientes necesarios para prepararla, y cada grupo se pone de acuerdo para comprar los componentes necesarios», explica el monitor.

Una vez en la cocina, el chef va explicando paso por paso el desarrollo de la receta, intercalando la teoría con la práctica. Así, va dando instrucciones para diferenciar los productos frescos de los que no lo son, explica cómo hay que conservar determinados alimentos y desvela trucos para preparar más facilmente algunos platos. Al mismo tiempo, aclara cualquier tipo de dudas respecto a la elaboración de la receta en sí y va corrigiendo los excesos o los defectos adquiridos en la cocina.

Al final de la clase, se catan los platos de cada grupo y se abre «una especie de debate en el que se comentan los errores y los aciertos respecto al sabor, al color o a la textura de cada elaboración, para que los alumnos se vayan a sus casas sabiendo exactamente qué es lo que tienen que hacer la próxima vez que preparen el plato», manifiesta Rincón.

En el taller preparan recetas tanto tradicionales como innovadoras, aunque se eligen sobre todo «aquellas que sólo necesitan fuego, ya que la preelaboración no la podemos hacer». Aún así, «se cocinan platos con carne, con pescado y también postres de sartén». Además, «intentamos elegir recetas cuyos ingredientes no sean muy caros pues, aunque los gastos se comparten en grupo, no todos los alumnos cuentan con la misma solvencia económica», manifiesta el cocinero.

Entre los participantes, los hay que ya tienen experiencia en los fogones pero quieren saber más, otros que quieren aprender a cocinar porque se van a independizar y otros porque trabajan en el mundo de la hostelería. En definitiva, vecinos del distrito San Pablo-Santa Justa con inquietudes por desvelar los secretos del arte culinario.