Por primera vez en más de 20 años, la Asociación Rociera de San Pablo no peregrinará a la aldea del Rocío, un camino que durante la última década han realizado junto a la hermandad de San Juan de Aznalfarache, ya que los del Polígono aún no se han constituido en hermandad.

Las calles de San Pablo se quedan este año «huérfanas» del espíritu rociero. Al tradicional zumbido de cohetes y tambores se impone el silencio, y el estandarte y la carreta principal de la asociación esperarán «tiempos mejores» para volver a lucirse por el Polígono en su itinerario habitual antes de salir de la ciudad.

La presidenta de la asociación, Rosa Domínguez, relata emocionada que «hemos llegado a hacer el camino hasta 15 carriolas y más de 130 romeros, pero la crisis ha ido mermando la participación. El año pasado ya notamos el bajón, pues sólo salimos cinco carretas, y este año la falta de recursos nos ha obligado a quedarnos en casa, privándonos de hacer el camino, siendo la decisión más dura que hemos tenido que afrontar nunca», señala.

La entidad la conforman unos 120 socios y se mantiene «únicamente de las cuotas de sus miembros, y aunque a lo largo del año solemos organizar rifas y montamos una caseta en la Velá del Polígono San Pablo para recaudar fondos, las cuentas no nos salen», declara la presidenta. Y es que «sacar a la calle nuestra carreta principal ya supone un desembolso de cerca de 6.000 euros, y eso que el Distrito San Pablo-Santa Justa colabora con nosotros y nos cede la puesta de flores. Pero sólo una yunta de bueyes tiene un coste de casi 3.000 euros, un tamborilero cuesta 700 euros y luego hay que alquilar el terreno en el Rocío. En definitiva, unas cifras astronómicas teniendo en cuenta el desempleo y la inestabilidad laboral que padecen muchos de nuestros socios», explica la presidenta.

Para la Asociación Rociera San Pablo es «especialmente doloroso» que «no podamos salir al encuentro de los vecinos del Polígono en estos días, quienes nos acompañaban en nuestro recorrido por el barrio hasta donde podía cada uno. Además, teníamos varias paradas obligatorias muy emotivas: la primera en la residencia de ancianos de la Avenida Pedro Romero, que todos los años nos esperan con mucha devoción y se nos ha partido el alma al anunciarles que no saldremos. Luego nos recibía la hermandad de Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado, con la que tenemos mucha relación, y finalmente nos dirigíamos al templete de la Cruzcampo, donde rezábamos el ángelus y cantábamos una salve como última parada antes de abandonar la ciudad, esperando en la Feria hasta las seis de la tarde cuando, aproximadamente, nos recibe la hermandad de San Juan, con la que peregrinamos hasta el Rocío».

Para que la situación que están viviendo no vuelva a repetirse en el futuro, la asociación apuesta por «ganar apoyos», bien sea «aumentando el número de socios o el de recursos económicos», para lo que consideran fundamental «tener una sede social que esté visible en el barrio», ya que actualmente la entidad se encuentra en un local subterráneo en la calle Jerusalén cedido por Cáritas donde «da miedo entrar y donde nadie puede imaginarse que aquí haya una asociación rociera, rodeada de talleres», declara Domínguez

En segunda instancia, la asociación aspira a convertirse algún día en la Hermandad de Gloria del Polígono de San Pablo pero entiende que «una casa empieza a construirse por los pilares y no por el tejado, por lo que lo principal sería contar con una sede en condiciones y luego daríamos el resto de pasos».