Se admite. Más que un titular podría ser la entrega de una saga de cine fantástico, o de suspense. Pero si continúan la lectura hasta el final del reportaje verán que la historia está plagada de elementos fascinantes.

El pasado sábado se conmemoró el Día Internacional de la Prevención de los Riesgos Cardiovasculares, esas temidas disfunciones que suelen llegar de improviso, y con efectos fulminantes, si la persona no se cuida de cruzar ciertos límites.

Este relato versa sobre ello, aunque hablar aquí de límites es complicado. Nuestro protagonista afirma haber vivido una experiencia que trasciende la vida, mientras los profesionales sanitarios habían diagnosticado su muerte clínica. Con 20 intentos de reanimación de por medio.

Vayamos por partes. José, Pepe, Márquez es vecino del Polígono de San Pablo. Allí reside desde 1972, tras una juventud en el entorno de la Encarnación, siempre involucrado en el puesto de carne que su padre regentaba en el mercado clásico.

El detonante: un accidente

Casado, con hijos y un trabajo estable como funcionario dentro de la Policía Local. La vida era de lo más normal para nuestro protagonista. Hasta que, en 1989, tuvo «un grave accidente de circulación en Torrepalma» que le llevó a «pasar por quirófano siete veces, entre intervenciones de cadera y rodilla», recuerda.

El tiempo libre, que muchos ansían, fue creando en Pepe un efecto de todos menos placentero. Tan sólo amenizado por una de sus pasiones, la numismática, el día a día era puro tedio. «Me sentía inútil», explica, de un comportamiento que terminó por pasarle factura.

No lo supo hasta pasados 9 años, cuando poco después de la Feria de abril, Pepe nota un punzante dolor en el brazo derecho que le motiva a pedir una ambulancia. «Ya en Sagrado Corazon, y durante prueba de cateterismo, sufrí una angina y acabé en la UCI», añade.

Al par de meses vuelve a quedar ingresado, para que el cardiólogo Luis de la Llera le colocara seis de los nueve stents (endoprótesis vasculares que ayudan a mantener abiertas las arterias) que lleva en la actualidad. Cuando todo iba a terminar siente «un tremendo dolor» y, de repente, «comencé a elevarme de la camilla».

La clínica Infanta Luisa, antigua Cruz Roja de Triana, fue el lugar donde Pepe Márquez reanimó tras 21 intentos

La clínica Infanta Luisa, antigua Cruz Roja de Triana, fue el lugar donde Pepe Márquez reanimó tras 21 intentos

A partir de entonces, Pepe relata una auténtica ECM (experiencia cercana a la muerte), a la que el reputado neurólogo y especialista en este tipo de vivencias, Enrique Vila, dio credibilidad en varias ocasiones, incluyéndola en su libro «Yo vi la luz».

Televisiones autonómicas y nacionales han difundido su testimonio, no apto para escépticos, que Márquez cuenta con precisión y sin variar «una coma» en cada explicación: «Veía mi cuerpo tendido en la camilla, y cómo los médicos decían a mi mujer que habían hecho todo lo posible pero que me habían perdido, o cómo mi hija daba golpes en la pared gritando que su padre no se podía morir».

Como última esperanza, contactaron con José María Jiménez Moreno, entonces jefe de servicio de Cirugía Cardíaca del Hospital Puerta del Mar de Cádiz, que se digirió a Sevilla inmediatamente. «Vi cómo saludó a mi consuegro, y las palabras que mantuvieron. El corazón estaba en una bandeja, y yo conectado a una máquina, que tenía un medidor que oscilaba así» (emula el gesto con el dedo).

Un segundo episodio

La intervención resultó un éxito, pero la historia no acaba aquí. En 1999 vuelve a tener problemas cardiovasculares, esta vez en la Cruz Roja de Triana. De nuevo se desvanece y, tras varios intentos de reanimación con desfibrilador, los doctores dictaminan su muerte.

«Vi como la médico de guardia insistió. Ya me habían dado 15 descargas, pero ella probó seis veces más, a la que hizo 21 volví en sí. Nadie me dijo cuántas veces lo intentaron. Ni siquiera el nombre de la doctora. Y yo estaba clínicamente muerto», asevera.

A lo largo de sus 70 años, Pepe ha sufrido, «no sé desde cuando, ni en qué momentos» 5 anginas y 12 infartos. Atando cabos, Pepe recuerda recurrentes dolores leves en el pecho, pero que solucionaba, «siguiendo un remedio popular», con un sorbo de licor que tuviera en casa. «Por aquello de ser vasodilatador. Funcionaba».

Sin llevar una vida de excesos, aunque con un «paquete de tabaco diario», Márquez reconoce no haber revisado mucho su salud. El cardiólogo situó la causa en el estrés producido por el choque frontal con el vehículo de «un conductor alcoholizado» y sus consecuencias, como la baja laboral.

La carga genética y, sobre todo, el estrés producido por un grave accidente de circulación marcaron el destino de Pepe Márquez / F.P.

La carga genética y, sobre todo, el estrés producido por un grave accidente marcaron el destino de Pepe Márquez / F.P.

Por otra parte, la carga genética. Su padre murió de un ictus a los 46 años. Una tía suya y dos tíos, también de la familia paterna, fallecieron a causa de un infarto. Uno de ellos era el padre del excentrocampista del Real Betis Luis Márquez. Y también por parte de madre hay algún episodio de fallo cardíaco.

Ahora lleva una vida relajada, «con paseo por el barrio cada mañana y mucha medicación». Cambiaron de domicilio por la falta de ascensor de la antigua vivienda, también en San Pablo, donde es miembro de la Junta de Distrito por el Grupo Popular.

«Debo mi vida a José María y a María José». Una vida cuyas fronteras pudo contemplar. «Imagínate una calle llena de gente que se abre para que tú pases. Reconocí a personas ya muertas, familiares, amigos incluso gente que no me hizo bien en vida. Algunos querían darme la mano, llevarme con ellos, mientras una fuerza tiraba de mí como un imán», rememora.

«Al fondo había una luz muy agradable. Mucha paz y armonía, tanta que no quise volver». Pero lo hizo, y como dice la expresión, volvió para contarlo.