Se llama Rafael Segura Reyes. Probablemente no le suene su nombre pero quizá algún día haya parado un taxi y, con las prisas del momento, no haya reparado en su estética hasta que se ha sentado y acomodado. Entonces, cuando se haya dado cuenta, mira a todos los lados del vehículo y le parecerá que está en la casa de los muñecos. Pegatinas de Mickey, Hello Kitty, Pluto, Bob Esponja o los Pitufos por la tapicería, el techo, la bandeja del maletero o el salpicadero del coche… hasta en el volante. Todo el coche parece una tienda de juguetes, el sueño de cualquier pequeño. Luego verá que en un cartel situado en el respaldo del asiento del copiloto viene escrito lo siguiente: «Taxi solidario. Gratuitamente niños enfermos 607 307 414».

Rafael decidió hace dos años llevar a cabo una iniciativa solidaria, motu proprio, que consiste en llevar de forma gratuita a los pequeños enfermos de cáncer o cualquier otra patología y que, durante el trayecto, mantuvieran alto su estado de ánimo gracias a los muñecos y a la música de los Cantajuegos.

La idea de decorar el taxi fue de su hija pequeña Alicia. «Me lo pidió y quise darle esa satisfacción», cuenta Rafael. Luego, al ver la reacción de los niños al montarse, «se me ocurrió la idea de llevar a cabo esa iniciativa solidaria. Fui al hospital a informarme y al Instituto del Taxi, y desde que comencé a hacerlo me siento muy bien conmigo mismo».

Este taxista solidario, con la licencia 373, cuenta que «aunque mi hermana falleció de cáncer a los 56 años, lo que me despertó esta motivación fue ver a esos niños ilusionados dentro del taxi. Eso va con cada persona y la mía, si no es aportando mi granito de arena, no me siento bien».

Desde entonces, no han sido muchas las familias que le han llamado para que recogiera a los pequeños para llevarlos al hospital, pero cree que «ha tenido una aceptación muy buena», ya que no cuenta con ayuda alguna. «Me gustaría poder ayudar a las familias durante varios días, tan sólo una señora de Almería a la que recogí del aeropuerto la llevé dos días seguidos», afirma.

A pesar de ello, le merece la pena «primero por mi hija, que está orgullosa del taxi de su padre y se lo enseña a todos sus compañeros cuando la recojo del colegio; y, segundo, porque si no se hacen cosas buenas en vida, luego ya no pueden hacerse». De esta forma, no sólo tiene el taxi decorado por dentro y por fuera con muñecos, o lleva la música de los Cantajuegos. Por la noche, cuando está parado, «pongo unas luces LED azules y verdes en el techo» que iluminan el vehículo por dentro.

Además, «hay gente que se monta con los críos para que les dé un paseo. En Navidad, a una chiquilla le dio un ataque de alegría que tuve que apagar la música para que no fuera a mayores…», comenta este taxista solidario.

Trabas legales
No obstante, y a pesar de la labor encomiable que realiza, se ha encontrado en las últimas semanas con algunas trabas legales por la decoración del taxi, ya que todos deben tener un aspecto similar, excepto en la puerta del copiloto, donde se permite la publicidad. «Hace unos días me paró la Policía Local de paisano y me requirió toda la documentación. Los agentes me indicaron que algunos compañeros taxistas lo habían pedido: por qué a ellos los multaban y a mí no por los muñecos». Rafael considera que «lo que hago tiene mucho sentido, hacer que los niños se sientan alegres no perjudica a nadie».

Por ello, pedirá ayuda a la Asociación de Niños con Cáncer (Andex), que preside María Luisa Guardiola, para que le asista en este problema. También se plantea ir al Defensor del Pueblo e, incluso, ya hay amigos que le han planteado la posibilidad de recoger firmas. Cree que su labor «es positiva para un gremio que en los últimos años no goza de buena fama».

Foto y vídeo: J. M. Serrano y Raúl Doblado