Cada mayo, cuando las bombillas del Real dejan de alumbrar la ciudad efímera de los Remedios, otras esperan para encenderse, en perfecta analogía con unos corazones que celebran con convicción, y con una Feria en miniatura, el día de María Auxiliadora.

La verbena del Colegio de la Santísima Trinidad es júbilo para los más pequeños, vida social para los que van creciendo y punto de encuentro de los que se formaron en la Casa Salesiana, a la que vuelven cuando el 24 se asoma por el calendario. En días como hoy.

La «velá» tiene lugar en el fin de semana más próximo a la festividad de la Virgen, motivo último de la celebración, como se aprecia en la cuidada decoración de unas casetas que se improvisan, si es que puede usarse esa palabra, bajo el «pórtico» del patio principal.

A dos «módulos» por curso, distinguidos por piezas de telas de colores en lo que anteriormente eran auténticas pañoletas de Feria. Cada una llevaba un nombre, ligado a algún acontecimiento cultural o que definiera a los chavales, pintado artesanalmente y que les acompañaba en cada verbena hasta que cumplían el primer ciclo académico. «Queremos recuperarlos, pero en tela u otro material que sea más sencillo de colocar y más seguro», comentaba el director del centro, el Rvdo. Padre Abel Medina, cuando aún quedaba supervisar los últimos preparativos.

María Auxiliadora, siempre presente en la decoración de la verbena

María Auxiliadora, siempre presente

Por ejemplo los del «alumbrao», que supone simbólico punto de partida de la fiesta, pues desde horas antes los más jóvenes del colegio ya han disfrutado de la tradicional merienda.

No falta el «pescaíto», celebración en especial de los profesores, ni la versión salesiana de la «Calle del Infierno», traducida aquí en castillos hinchables y atracciones similares, que se colocan en lo que cotidianamente es el gimnasio. Tampoco falta la Tómbola. Los farolillos no están, pero se recuerdan de épocas anteriores. En su lugar, una profusión de banderolas, rosas y celestes, delimitan el recinto desde las alturas.

Toda buena Feria debe tener música. En la salesiana el ritmo lo ponen varios grupos que, sobre el tablado dispuesto en el mismo centro del patio, ofrecen diversos recitales flamencos y rocieros. Y también música comercial. Ayer hubo además concurso de sevillanas, antes de que a medianoche el micrófono se hiciera «democrático» en un divertido karaoke, del que formó parte hasta el más inesperado.

Plena participación

El inicio de esta velá de 2014 fue a la vez el cierre de un día repleto de actividades, que habitualmente tienen lugar el día 24 pero que se celebraron ayer viernes por ser el día lectivo más cercano. Pero con unas lecciones diferentes: de compañerismo, ambiente sano, y mucha, mucha energía.

El patio principal de los Salesianos Trinidad, amanece en plena verbena

El patio principal de los Salesianos Trinidad, amanece en plena verbena

El patio de San Juan Bosco, «el Grande» para los más veteranos, se había convertido en escenario, en lugar de exhibición de coreografías de alumnos, que al compás de éxitos actuales como «Happy», o de algunos más nostálgicos, como «Saturday Night», dejaron ver el trabajo de casi una semana de ensayo.

«Este año, por primera vez, los más mayores han apadrinado a los pequeños. Los de 1º de primaria bailan con los de 1º de la ESO, y así sucesivamente», comentaba un entregado Juan Manuel Mesa, histórico profesor del centro.

Campeonatos deportivos en los años 90, gymkhanas y concursos con el cambio de milenio, actuaciones musicales y disfraces tematizados en la época más reciente… «Es el espíritu festivo de Don Bosco, de los Salesianos. De una manera u otra siempre se han celebrado estos días de la Virgen con actividades que les gustasen a los chavales», explica el Rvdo. Padre Luis Cornello, Rector de la Basílica de Mª Auxiliadora y uno de los creadores de esta celebración a la sevillana, hace ya unos treinta años.

Tras la «velá» prosigue la novena en honor a la Virgen, la «bajada» y su procesión, junto con el paso de San Juan Bosco, el próximo día 30. Este año, además, las fiestas culminarán con la visita de la Esperanza Macarena, que entrará en el recinto a la vuelta de su procesión extraordinaria. Pero aún queda fiesta, siempre y cuando las banderas rosas y celestes ondeen desde la puerta del centro a la calle que, como no podría ser de otra manera, se llama María Auxiliadora.