En Sevilla existen los huertos urbanos, los ecológicos y ahora, en el Polígono de San Pablo, también los «escolares». La conciencia medioambiental, la aplicación formativa y, sobre todo, la mejora estética han llevado al Instituto de Enseñanza Secundaria Joaquín Turina a una actividad de horticultura que pretende convertir el espacio en un «Centro verde».

Para ello, cuentan con la colaboración de los alumnos de los talleres socioculturales de Jardinería y de Reciclaje del Distrito San Pablo-Santa Justa, que han elaborado, a partir de palés, unos bancales de 3×2 metros donde han plantado diversas hortalizas, frutas y especies vegetales. Sistema de riego por goteo incluido.

Los trabajos que ahora se llevan a cabo son el resultado de un proyecto que surge en 2014, y que busca una transformación radical del aspecto del centro educativo.

«Con las obras que se realizaron a finales de los 80 el instituto quedó muy duro, muy gris. El antiguo patio y las zonas verdes desaparecieron por el cemento que tenemos hoy en día», explica Santiago Ruiz, jefe de actividades extraescolares, especialmente implicado en la iniciativa.

«Hasta el año pasado no teníamos talleres en el centro, pero fuimos estrechando lazos con el Distrito y al final albergamos varios, entre ellos el de Jardinería y Horticultura».

Los alumnos del Taller de Jardinería ultiman el sistema de riego

Los alumnos de Jardinería ultiman el sistema de riego

Una vez se observe la reacción de las plantas ante la extrema meteorología del verano sevillano, y otros factores, se ampliará el número de jardineras.

Además, este mismo lunes, los alumnos de los talleres van a iniciar el montaje de unos jardines verticales, con los que revestir el extenso vallado que delimita al IES Joaquín Turina, desde la calle Donantes de Órganos hasta Macedonia.

Colaboración activa

El cuidado será responsabilidad de los talleres socioculturales. Serán sus miembros, de entre 21 y 60 y «tantos» años, los que se encarguen de abonar, recolectar, frenar las plagas y controlar manualmente el sistema de riego, pues aunque es programable, se ha optado por una supervisión inicial in situ.

El Instituto, que ha sufragado los gastos de materiales, aperos de labranza, tierra y semillas, aprovechará los huertos para complementar los conocimientos de sus estudiantes de Biología, Tecnología y Física y Química.

«No nos importa tanto el producto final como que los chavales aprendan el ciclo de crecimiento de cada vegetal. Hemos planteado visitas mensuales de seguimiento», explica Santiago Ruiz. «Además, las épocas de plantación y recogida coinciden con el inicio y fin de curso», añade.

En ese producto final se contarán lechugas, escarolas, rábanos, espinacas, fresas y plantas de flor, destinadas a «despistar» a los insectos.

Bajo la guía de Mercedes Moyano, monitora de Jardinería, los 16 alumnos del taller aplicarán las nociones de horticultura, biología vegetal y fitosanitarios impartidas desde octubre, y velarán para que, además de variedad, la calidad de este novedoso huerto escolar quede asegurada.