En la Edad Antigua, lo que actualmente conocemos como Sevilla, estaba prácticamente delimitada por cauces de ríos y arroyos. El actual Guadalquivir por la parte occidental, dos cauces de éste se cruzaban en la Alameda y, por si fuera poco, en la parte oriental de la ciudad discurría el arroyo Tagarete que se encargaba de convertir la ciudad en una isla. Y es en este último en el que hacemos parada, ya que su protagonismo en esta zona de Sevilla dio nombre la que hoy conocemos como calle Arroyo.

Ubicada a orillas del Tagarete y habiendo sido conocida como acera del Arroyo, en 1859 la prolongación de la calle Tharsis sería bautizada como calle Arroyo. La trayectoria de la calle no era otra que la del Tagarete, esto explica claramente el aspecto sinuoso de dicha vía. Dicho arroyo atravesaba Sevilla desde el Prado de Santa Justa, San Roque. barrio de San Bernardo y calle San Fernando hasta su desembocadura en el Guadalquivir junto a la Torre del Oro. Los trabajos de abovedado del arroyo, fueron imprescindibles para la mejora de las zonas que atravesaba el Tagarete, de hecho, fueron estos trabajos los que premitieron la urbanización y dotación de insfraestructura de la calle Arroyo.

De este modo, la calle va formándose desde la plaza de Carmen Benítez hacia Tharsis: en 1928 ya se encuentra urbanizada hasta la Huerta de los Granados; en 1945 hasta Doctor Relimpio, enlazando con la barriada de El Fontanal. Posteriormente, se extendería hasta Tartessos y el Zodiaco, quedando completada su actual fisonomía.

Habría que esperar hasta el 1900 para ver levantantamiento de edificios residenciales. El primero de ellos vendría de la mano del célebre Aníbal González, quien construiría varios corrales de vecinos en la Huerta de los Granados. Los que dieron el siguiente paso serían los salesianos, quienes construyeron un colegio-residencia en las inmediaciones del antiguo arroyo Tagarete. A raíz de ese momento la actividad edificatoria se intensificaría, bloques de distinta altura y fisonomía irían dando forma a la imagen que hoy se concibe de la calle Arroyo.

Pero las labores de urbanización tendrían un importante hándicap y es que dependieron durante mucho tiempo del estado del Prado de Santa Justa, un foco de insalubridad que frenó el potencial urbanístico de la zona. El Prado de Santa Justa fue objeto de asentamientos marginales, como el de los gitanos en el sitio del Burón, en 1922, donde se llegó a formar un verdadero campamento, de hecho, el Ayuntamiento tuvo que abrir en 1941 un establecimiento para el despiojamiento de los habitantes del entorno, que carecían por completo de las mínimas condiciones higiénico-sanitarias.

A pesar de que las construcciones residenciales sufrieron un importante paréntesis, en la calle Arroyo, al margen de la función residencial fueron instalándose una serie de fábricas y almacenes, de los que algunos aun queda constancia.

Desbordamiento del Tamarguillo y la Operación Clavel

Pero a aquella zona aún le quedaría por vivir una tragedia que ha marcado por siempre a los que la vivieron y que ha pasado a formar parte de la historia de la ciudad por el alcance de su catástrofe: el desbordamiento del arroyo del Tamarguillo. Aunque hayan pasado cincuenta años, hay muchos sevillanos que no han olvidado aquel trágico desbordamiento del arroyo Tamarguillo el 25 de noviembre, a causa de la rotura del muro de defensa, que dejó a más de 30.000 personas sin vivienda y que puso de dramático manifiesto la ruina y la infravivienda del caserío de la ciudad.

Una de las zonas más afectadas por la riada fue la de San José Obrero que, tal y como muestra la foto, volvió a tomar el aspecto que dio nombre a la calle, desapareciendo el asfalto por debajo del agua. Pero la desgracia no acabó ahí, porque la solidaria campaña organizada por Radio Nacional España y el mítico periodista Bobby Deglané denominada Operación Clavel, también acabaría en tragedia. Un mes después de las fatídicas inundaciones una de las avionetas que partía del Aeródromo de Cuatro Vientos de Madrid se enredó con unos cables de alto tensión a la altura de este mismo barrio sevillano, provocando una colisión que se cobraría veinte muertes y más de 100 heridos.

A pesar del mal estado del Prado de Santa Justa que impedía una correcta evolución de la calle, la arriada provocada por el desbordamiento del Tamarguillo y el accidente de la Operación Clavel, los vecinos de San José Obrero siguieron luchando por aquella vía que simulaba el dibujo de un arroyo, el que fue y el que casi vuelve a atravesar Sevilla.

Hoy día la calle Arroyo es más que conocida por sus comercios, por la vida que tienen sus calles y por sus vecinos. Seguramente y, a pesar de todo, sus características sean producto de su historia, lo que esta claro es que por mucho que pasen los años y cambie el día a día de esta zona, nunca se podrá borrar el Arroyo en la mente de estos vecinos porque es a él, para bien o para mal, a quien deben el aspecto de su calle.