Allá por 1827, en el plano del infante don Carlos, aparecía como calle de Los Estudiantes. Pero aquella paralela a Tomás Murube cambiaría su nombre por El Greco en 1960. Caprichos del destino convertirían la calle del pintor renacentista en una de las más vivas del Polígono San Pablo. Pero ¿cuál era la relación de El Greco con Sevilla?

Considerado uno de los artistas más grandes de la civilización occidental, el Greco, como su nombre indica, iría a nacer a miles de kilómetros de la ciudad madre de este espacio. Pero antes de imaginarlo, el destino de este pintor renacentista tenía su firma en España. El interés de Felipe II por el mundo artístico italiano traería al cretense a Madrid y ahí se forjaría un vínculo con la Península que no borrarán los años.

Fray Hortensio Félix Paravincino ya lo dijo en un soneto dedicado al artista griego «Creta le dio la vida, y los pinceles. Toledo mejor patria, donde empieza». Y es que aunque fuese Toledo la ciudad donde se consolidó la fama del artista, toda España entera alabó su arte antes o después y no iba a ser menos la actual capital andaluza, la de la Semana Santa, la Sevilla más amante del arte.

Una Sevilla cofrade que no olvida el Cristo crucificado de El Greco propiedad de el marqués de La Motilla. Una obra que en el Prado ha encabezado la exposición «El Greco conocido y redescubierto». Un lienzo que estuvo escondido durante mucho tiempo en tierras hispalenses y sería de éstas de las que emergería para dar nombre a la colección de uno de los artistas más relevantes a nivel mundial.

Al principio una calle más de la ciudad, luego y ahora una de las vías más conocidas y deambuladas por sevillanos y visitantes. La que durante unos años sería calle de Los Estudiantes sería rotulada en 1960 como El Greco. La creciente población y la conversión de «la paralela de Tomás Murube» a una protagonista de esta zona de la ciudad, acabarían añadiéndole al título de 1960 el nombre actual de «avenida de El Greco».

En la acera de los impares cobra protagonismo la fábrica de Cruzcampo, en la acera de los pares un ambiente residencial y comercial que pocas calles de Sevilla conservan actualmente. En El Greco sevillano reside la esencia de barrio, esa simbiosis entre pueblo y ciudad que tanto gusta. Ya sea para tomar unas cervezas, para comprar unos botones, una medicina o un kilo de fruta, ahí está Greco. Su vida la hace conocida en el centro y en el sur, en el este y en el oeste de la ciudad. En toda su longitud uno encuentra de todo y es que El Greco, sin quererlo, ha dado cobijo a otra obra de arte, ésta de estilo social.