La estación de Santa Justa y la barriada homónima obvian a una de las dos hermanas alfareras que Sevilla venera. Condenadas durante media vida por ser cristianas y aborrecer las tradiciones paganas, Sevilla le debe a las Santas Justa y Rufina la salvación de la Giralda y la Catedral del terremoto de 1504, o al menos eso dice la leyenda.

Nacidas en los años 268 y 270, respectivamente, Santa Justa y Rufina murieron antes de cumplir los veinte años, ambas en el 287. El pronto fallecimiento de las hermanas se debe a las firmes convicciones cristianas que mantenían, frente a la dominación que los romanos tenían de casi todo el mundo.

La celebración de la fiesta en honor a Venus, que era tradición anual, sería el comienzo del martirio que las llevaría a la muerte. La costumbre marcaba un recorrido por la ciudad pidiendo limosna para la fiesta. Los paganos llegaron a casa de Justa y Rufina que no solo se negaron a pagar sino que rompieron una figura de la diosa haciendo ver que su fe cristiana era totalmente contraria a esta celebración pagana. Este acto les costó el encarcelamiento por orden de Diogeniano, prefecto de Sevilla.

En la cárcel, las torturas más macabras eran continuas y lo seguirían siendo hasta que las hermanas no decidieran abandonar su fe cristiana, así lo había ordenado el prefecto. Diogeniano aumentaba las torturas hasta puntos impensables, creyendo que eso sería suficiente para que Justa y Rufina abandonaran su fe, pero estaba muy equivocado.

Desesperado ordenó que las encerraran en una lúgubre cárcel donde la sed y el hambre fuesen su final. Santa Justa cayó presa de este castigo, falleció y sus restos fueron tirados a un pozo, de donde fue rescatada años después por el obispo Sabino. Diogeniano vio en la muerte de Justa la rendición de su hermana, pero la pérdida de Justa parecía darle más fuerzas. Harto de ella, el prefecto mandó que la llevasen al anfiteatro para ser devorada por un león.

Para sorpresa de todos y cada uno de los asistentes, bastó un cruce de miradas entre Rufina y el león para que el animal se rindiese a los pies de la cristiana y se convirtiese en un animal domesticado. Esto acabaría con la paciencia de Diogeniano que la mandaría degollar.

La veneración de Sevilla por las Santas Patronas

Por su cristiana labor, Justa y Rufina fueron canonizadas. Se les nombró Patronas de Sevilla y de alfareros y cacharreros, por ser este el oficio de las hermanas. Pero la devoción por estas Santas no se limitaría a la capital andaluza. Las hermanas también son Patronas en Orihuela, Palencia, Huete y Maluenda.

Pero la relación con Sevilla y la veneración de sus ciudadanos es única en el país. La leyenda cuenta que gracias a la intercesión de Justa y Rufina la Giralda y la Catedral no cayeron en el terremoto de 1504. Un acto que las convierte en protectora de este patrimonio, de por vida. Razón por la que siempre son representadas con la Giralda por su protección, palmas como símbolo del martirio sufrido y algún objeto de barro que destaquen sus orígenes.

Proteger un bien tan preciado como la Catedral y su Giralda ha sido fruto de admiración y así se lo han demostrado todas las generaciones de sevillanos, que hacían suya la leyenda para mostrar su mayor agradecimiento a Santa Justa y Rufina.

En la Catedral, como no podía ser de otro modo, hay una capilla dedicada a las Santas. En el colegio Salesianos de la Trinidad, se conserva una antigua galería subterránea considerada la cárcel donde estuvieron prisioneras. Y Santa Justa, siempre en nombre de las dos hermanas, pone nombre a uno de los barrios de la ciudad y a la estación ferroviaria más importante de la Comunidad Autónoma.