Hasta que en 1987 comenzasen las obras de construcción de la estación de Santa Justa, Sevilla tenía dos Prados. Uno de ellos es el que aún persiste en la avenida del Cid, el Prado de San Sebastián, el otro ocupaba lo que hoy es la estación de trenes y el polideportivo Sato Sport.

Hace treinta años ir desde José Laguillo, en aquella época calle Saturno, hasta Nervión suponía atravesar un enorme prado que separaba lo que hoy son dos distritos hermanos, en dos zonas de la ciudad bien diferenciadas. Ése y el Prado de San Sebastián serían los dos prados de Sevilla, pero como casi todo en esta ciudad, el dibujo de esa zona verde también cambiaría con la celebración de la Exposición Universal de 1992.

Diseñada por los arquitectos sevillanos Antonio Cruz y Antonio Ortiz, el proyecto de una estación que abarcase todos los servicios ferroviarios de la ciudad y se convirtiese en el acceso a Andalucía con la alta velocidad ya se ideaba en 1986 con vistas a la Expo 92. Sería el 15 de marzo de 1988 cuando comenzaría la cimentación de la estación ferroviaria que supondría el cierre de la histórica de Plaza de Armas y la de San Bernardo.

El hecho de plantear la estación elevada dentro de una gran manzana y con una inmensa plaza central tenía como objetivo el garantizar a los viajeros primerizos en la capital hispalense, una visión de la ciudad perfectamente ordenada y configurada.

La ocupación de esa futura estación era similar al del Real de la Feria de Abril, dato que puede dar a entender la magnitud de la obra de la estación para la que según, Jaime Álvarez Corral del Legado de la Expo de Sevilla, se tuvieron que excavar 300.000 metros cúbicos y utilizar otros 190.000 metros cúbicos de tierra en la cubrición de determinadas zonas y en la formación de los terraplenes donde se asentaría la propia estación. La inversión en esta remodelación ferroviaria de la ciudad, ascencía a 5.500 millones de pesetas.

El proyecto inicial comprendía, además del edificio central, oficinas y viviendas perimetriales que nunca llegaron a construírse debido a las prisas por la llegada de la Expo y el presupuesto, que haría inviable el futuro de los alrededores de Santa Justa. Aunque tras la Expo se pretendía finalizar la obra, los continuos aplazamientos la sepultaron en el olvido.

Y es esta parte inacabada la que deja ver los resquicios de prado que la mayoría de vecinos recuerda, como es el caso de Enrique quien asegura que «Nervión era aquel barrio que estaba más allá del prado» de hecho «recuerdo poder ver el estadio del Sevilla desde mi ventana». Pero aquel «campillo» como cuentan algunos vecinos que lo llamaban, se convirtió casi sin darnos cuenta en uno de los centros neurálgicos de la ciudad, en la bienvenida a millones de turistas que llegan para conocer Sevilla, en la estación que dejó a Sevilla con un único Prado, el de San Sebastián.