El término patchwork está de moda y, con él, la artesanía que esconde. A pesar de ser una técnica con más de trescientos años de historia, cada vez es más practicada por jóvenes. El patchwork no es sino la conocida almazuela riojana que nació en España en el siglo XVIII y aun hoy es usada para adornar colchas, alfombras, manteles y todo tipo de objetos.

No tiene límites, una vez aprendida la técnica lo mismo puede servir para hacer un cobertor, una colcha, un cojin, un bolso, ropa, un mantel o una alfombra. El patchwork permite personalizar las telas haciéndolas únicas y bajo el diseño de las manos que lo cosen.

El patchwork nació por la necesidad de aprovechar aquellos trozos de tela sueltos que quedaban en toda caja de costura. A día de hoy se ha convertido en un técnica artesana básica y fundamental, una auténtica «obra de arte».

Expresiones artísticas en tela que tienen una importante sede en el centro cívico San Pablo. Con 35 mujeres los miércoles y un taller de segundo nivel los jueves, el patchwork se extiende de San Pablo-Santa Justa a Sevilla. Todas estas aprendices tienen como maestra a María del Carmen Sánchez, una gran aficionada a todo tipo de tareas manuales que descubrió el patchwork hace seis años y ya lleva cuatro cursos impartiendo este taller en el distrito.

La técnica

Lo primero que hay que hacer es sacar el patrón del dibujo, «se hace con papel milimetrado y los patrones con acetato, una vez dibujado todo recortamos y cosemos» explica Carmen. Dependiendo de el uso que vaya a tener el trabajo, la labor de costura será de una manera u otra. «Es fundamental que traigan mucha tela, en esta labor nunca sobra tela pero en cambio, si traen poca, se arriesgan a no acabar el dibujo con esa tela, tener que comprar otra y si no la encuentran del mismo color o diseño, el dibujo se queda desigual».

Sencillo, pero requieriendo mucho trabajo y dedicación. Algunas tienen colchas del año pasado ya casi terminadas y otras están comenzando a hacer el patrón. Todas trabajan lo mismo pero ninguna obtiene un resultado igual, cada una vuelca su personalidad en su trabajo. A algunas le gustan los tonos flamencos, a otras los pastel y otras son amantes de los estampados.

Al igual que en la película «Donde reside el amor», estas mujeres saben que la verdadera belleza esta en «unir los retazos» correctos, que cumplan dos requisitos básicos: que el diseño apasione a la artista y que cada trozo combine a la perfección.