Hace medio siglo, un nuevo barrio nacía en Sevilla: El Polígono de San Pablo. En sí, no es algo sorprendente, sino natural, máxime en la época de necesario crecimiento en que se inserta este episodio. Sin embargo, una serie de circunstancias hacen que hoy se recuerde como todo un acontecimiento.

En especial para sus vecinos, provenientes de distintos puntos de la ciudad, la mayoría lugares con pobres dotaciones, herencia directa del convulso siglo XX en España. Y «blanco perfecto» para las constantes riadas del Guadalquivir.

Así lo recuerda, por ejemplo, Francisco José López González de Los Ríos, «poligonero», como así gusta en llamarse, desde junio de 1965. «La Sevilla de principios de los sesenta era una ciudad que arrastraba décadas de reiterado abandono. Desde las cuantiosas inversiones que supuso la Exposición Iberoamericana de 1929, nuestra capital quedó exenta de las más elementales infraestructuras. Barrios abandonados a su suerte, corrales de vecinos que carecían de las mínimas necesidades humanas de convivencia», rememora.

Barrio suburbial de Laffitte / Nomenclatura de calles...

Barrio suburbial de Laffitte / «Nomenclatura…»

Su familia habitaba en el barrio suburbial de Laffitte, situado en los terrenos del antiguo convento de Los Remedios, que posteriormente fue fábrica de cerámica de Julio Laffitte y, finalmente, el entorno del puente de los Remedios, construcción que supuso el fin del citado barrio.

«Cada año con el primer temporal de lluvias, las crecidas inundaban las zonas colindantes y más bajas de la ciudad», evoca, poniendo el acento en 1961, «cuando el muro de contención del Tamarguillo cediera, inundando infinidad de barrios».

Como solución se creó la Secretaría de Viviendas y Refugios, destinada a buscar alojamiento a esos sevillanos perjudicados por las inclemencias del tiempo y el mal estado de conservación de sus casas.

González de Los Ríos recuerda la figura de Gregorio Cabeza, responsable del organismo, por su implicación en encontrar barrios provisionales, como las casitas bajas que durante varios años ocuparon el llamado Barrio C de San Pablo. El último en construirse precisamente por este motivo.

Urbanismo «verde»

Aunque el tronco histórico es bastante común, no todos los orígenes de sus habitantes fueron tan «dramáticos». SevillaCiudad expuso otro ejemplo con el reportaje sobre la historia de la familia Hinojosa Ferrer, históricos de San Pablo.

Como ellos, muchas familias de clase media se acercaron a un barrio que asumía la expansión demográfica e inmigración de los sesenta, y que además era pionero por la disposición y por el desarrollo urbanístico empleado, con un papel primordial de los espacios abiertos, buscando la interrelación de sus habitantes.

Actualmente lo siguen teniendo, pero el lógico aumento de los vehículos en propiedad ha obligado a ceder el antiguo espacio para el esparcimiento a plazas para aparcar.

El gobernador civil Utrera Molina expone las adjudicaciones de viviendas en la calle Malagueña / «Nomenclatura-..»

El gobernador civil Utrera Molina expone las adjudicaciones de viviendas en la calle Malagueña / «Nomenclatura-..»

Entonces las plazas y las calles peatonales vertebraban el viario de este flamante núcleo poblacional que fue estrenando sus viviendas a lo largo de 1965. Concretamente las del Barrio A, una de las 5 letras que componen el Polígono de San Pablo.

Llave a llave se entregó un parque que alcanzó las 2.000 viviendas, todas distribuidas, eso sí, en bloques de pisos de unas cinco plantas como norma y seña de identidad del proyecto. Existen algunas torres de 8 y hasta de 12 plantas.

El autor del proyecto A fue Luis Recasens, y la empresa adjudicataria, Constructora Asturiana S.A., si bien todo el Polígono respondía a la iniciativa de la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura de dotar de viviendas sociales, principalmente, los terrenos de «las huertas de Santa Teresa, San Buenaventura, Los Flamencos y Ramírez», según el «Diccionario histórico de las calles de Sevilla».

Vista aérea de las casitas bajas de San Pablo / «Nomenclatura...»

Vista aérea de las casitas bajas de San Pablo / «Nomenclatura de calles, plazas…»

Pero si este «entramado» era pionero en Sevilla, no quedaba atrás su tratamiento botánico, con auténticos jardines en cada una de estas plazas, donde llegó a haber «hasta surtidores de agua y azulejería sevillana», en palabras de González de Los Ríos.

En nuestros días, y gracias a la activa participación de los vecinos, con «instituciones» como Enrique Quirós ‘El jardinero’, tan sólo el Barrio A del Polígono de San Pablo aglutina casi 80 especies vegetales diferentes.

Como era de esperar, el naranjo es el árbol más presente, con cerca de los 500 ejemplares. Sin embargo, pasear por sus calles ofrece la visión de otros muy sevillanos como la Jacaranda, así como de plantas exóticas como la crassula, el ave del paraíso o incluso el kumquat o «naranjo chino».

Para dar el plus «final» de sevillanía, se dispuso un nomenclátor en el que se repasan los distintos palos y cantes del flamenco, a excepción de las calles Éfeso, Greco y Kansas City, frontera con los otros barrios.

González de Los Ríos, a la derecha, junto a unos amigos en la plaza de la Toná, cuando existía la fuente / «Nomenclatura...»

González de Los Ríos, a la derecha, junto a unos amigos en la plaza de la Toná / «Nomenclatura…»

Entre flores y flamenco callejero solía «surgir el amor», otro curioso aspecto del Polígono de San Pablo. Los jóvenes se conocían en sus plazas y, tras el matrimonio, muchos de ellos terminaban por vivir en el barrio.

Todos estos datos aparecen debidamente compilados en una peculiar publicación, «Nomenclatura de calles, plazas y zonas ajardinadas», que nace de la voluntad de González de Los Ríos de hacer balance sobre la historia de su barrio A.

Ese lugar en el que, a su vez, desembocan otras historias de un pasado que, a diferencia de lo que dice la canción, no parece mejor.

Ese lugar que, por la unión y compromiso de sus vecinos, seguro cumple otros cincuenta años con esa esencia de barrio que le hace único en Sevilla.

 

Protocolaria inauguración

La inauguración del Polígono de San Pablo se produjo en 1967, al menos desde el punto de vista oficial. Fue en abril de ese año cuando el cardenal Bueno Monreal bendijo todos los barrios, construidos o no, durante un viaje de Franco a Sevilla.

La «tribuna de oradores» se colocó junto a la parroquia, en la avenida de la Soleá, incluso hubo una «ruta» por calles como Tientos, Sevillanas o Carceleras.

«Los vecinos de una determinada vivienda recibieron la visita de Franco, a instancias de las autoridades que le acompañaban, con la intención de que conociera in situ las bondades de las recientes edificaciones sociales», concluye González de Los Ríos.