La herencia de Manuel Leal y Eduardo Gómez no se basa en dinero, propiedades inmobiliarias o joyas de gran valor. Maquinillas de barbería de hace cuarenta años, tenacillas de los 50 y hasta un sillón de barbero con más de 100 años a sus espaldas son solo algunas de las reliquias que estos dos peluqueros han heredado de sus maestros, antigüos compañeros y clientes, con el fin de no olvidar «el verdadero oficio del barbero».

La técnica de un barbero tiene que estar pulida, ser fina y no permite cometer errores. La era medieval sería el primer auge de los barberos, cuando la nueva moda de cabellos largos y barbas voluminosas haría mella en el ser humano. Desde entonces, la profesión de barbero ha continuado, crecido y variado con el tiempo.

No desde la Edad Media, pero sí desde hace casi 30 años Manuel Leal y Eduardo Gómez se dedican a la barbería. No son peluqueros de caballeros al uso, o, al menos no como los que abundan hoy en día. Manuel y Eduardo cuidan cada corte, cada afeitado y cada modelo con sumo detalle y es que ellos son barberos del siglo XXI pero con la sabiduría de aquellos barberos de los que ya no quedan.

«Vengo de haber aprendido con un barbero de los de antes en la calle Parra. Me enseñó lo que es la barbería en sí; preparar una navaja, tratar el cuero, sacarle filo con una piedra y afeitar» recuerda Manuel apuntando que es «una parte del oficio que se ha perdido por completo y parece que ahora se quiere recuperar para tener otra línea de negocio».

Y es que en esta profesión todo ha cambiado, «anteriormente el hombre era más exigente, quería un corte perfecto, ahora cualquiera coge una navaja, cualquiera se inventa un peinado y lo deja como lo deja. Lejos de que el corte sea más bonito o menos, hay que dejarlo igualado, hay que dejarlo perfecto y eso ya no se hace».

La barbería no permite errores y en este oficio no todo vale, «hemos llegado a la tendencia del todo vale, todo el mundo puede ser peluquero, todo esta bien pero no, no todo vale en este oficio» explica Leal que se apena al descubrir que «la técnica se está perdiendo, muchas maquinillas y muchos pseudopeluqueros».

Pero aun hay esperanza o al menos así lo demuestran Manuel y Eduardo que a pesar de trabajar más los peinados, cuidar más la técnica y preocuparse por alcanzar la perfección en su trabajo, en vez de dejarse guiar por el nuevo (aunque equívoco) concepto de peluquería, siguen motivados por ese concepto de barbería que ellos han aprendido desde el primer día en esta profesión.

Han vivido épocas muy buenas «como los 70-80 que para nuestro gremio fueron unos años muy muy buenos, la gente valoraba mucho nuestro trabajo» y épocas peores «como la crisis de los 92-93 en la que ya empezó a decaer el oficio de barbero» pero ellos dos siempre han conservado sus principios y los de su vocación.

La historia de la barbería en Cro´s

La barbería de Manuel Leal y Eduardo Gómez no solo mantiene la tradición barbera en ellos, sino que el local en sí es un auténtico museo de este oficio y así lo anuncia el poste del barbero que asoma por el escaparate de Cro´s.

Un sillón que ha visto cortes de pelo desde hace 100 años. Un auténtico testigo de la historia de la barbería, no solo en España sino en Sevilla y es que esta silla comenzó su andadura cerca de la calle Bécquer, estuvo en la peluquería de la calle Parra del maestro de Manuel y, posteriormente, fue heredada por Leal para su propia peluquería. Ahora, tapizada y restaurada es la estrella de Cro´s.

A esa centenaria silla la acompañan otras dos «euroconfort» que datan de 1963 aproximadamente. Bien conservadas, son las sillas que aun acogen a los clientes de Manuel, que nada más sentarse pueden comprobar el cambio que ha sufrido la sociedad española desde que esas sillas se fabricasen, al menos, en lo que a fumar en sitios privados se refiere, estas sillas tienen cenicero en sus brazos.

Más pequeña pero igualmente importante para estos dos barberos, es la colección de navajas, maquinillas, tenacillas, secadores, cuchillas y otros enseres que tienen decenas de años y que son parte de la historia de nuestro país, de Sevilla y de la vida de Manuel y Eduardo.