Desde 1994 viene siendo símbolo de danza, al ser la sede del Conservatorio Profesional Antonio Soler, aunque ha sido un baile en concreto, el baile por sevillanas, el que le ha devuelto la actualidad informativa al convertirse en el protagonista de la portada de la Feria de Abril de 2016.

Se trata del Pabellón de Argentina para la Exposición Iberoamericana de Sevilla, y el único de la ciudad al no haber concurrido a la del 92 con un edificio propio, sino como parte del conjunto latinoamericano (hoy E.T.S. de Ingenieros)

Nada que ver con los años 20, cuando el país participó de la muestra con una de las construcciones más imponentes, tanto por su ubicación, casi frente a la Plaza de América, como por su extensión, en una parcela de casi 5.700 metros cuadrados, y su presupuesto, 1.500.000 pesetas de la época.

Mezcla de estilos

Para orquestar el diseño, en el que debían convivir el pasado prehispánico, la realidad actual argentina y los guiños a la ciudad anfitriona, se contó con el arquitecto bonaerense Martín Noel, que para entonces ya había realizado una amplia decena de obras significativas tanto en la capital como en el resto del país y en otras naciones como Paraguay.

El Rey Alfonso XIII entrega la parcela del «Naranjal de Bella Flor» para construir el Pabellón de Argentina

El Rey Alfonso XIII entrega la parcela del «Naranjal de Bella Flor» para construir el Pabellón de Argentina

Su eclecticismo definitorio se entrevió en el pabellón, que sigue la disposición en torno a un patio y el resto de la planta de casa sudamericana al uso, con elementos incaicos y calchaquíes (pueblos que habitaban las regiones de Tucumán y Salta en el momento de la conquista española), pero de manera muy serena.

Tal fue el virtuosismo en la ejecución del pabellón, y su conocimiento técnico, que la Universidad de Sevilla impulsó una Cátedra de Arte Hispanoamericano con Noel como experto titular y encargado del plan de estudios.

Cancela que daba acceso al patio

Cancela que daba acceso al patio

Destreza por ejemplo en crear un edificio a simple vista sencillo, pero que carece de cualquier simetría conforme va ganando altura: una esbelta torre mirador de cinco pisos, otra de menor tamaño al estilo de las villas regionalistas de la avenida de la Palmera, una cúpula octogonal y un frontón que sugiere lo triangular pero que rompe en la filigrana (que evoca al arte de la Pampa).

Si ya se explicó como Brasil no quedó conforme con su presencia en Sevilla a meses del arranque (inauguró tarde), el caso de Argentina es diametralmente opuesto. Desde 1911 había interés por participar y a finales de 1928 no sólo estaba terminado, sino empezando a equiparse.

Las buenas relaciones con España, el cambio en la presidencia del Gobierno (Irigoyen) y la oportunidad de reactivar las transacciones comerciales y la exportación de sus «bondades», como el calzado o el perfume, hicieron el resto.

Tanto es así que uno de los espacios, precisamente el abovedado, se concibió como Sala de la Industria. En algunas dependencias se almacenaba la suculenta carne argentina, en modernas neveras acristaladas que eran casi una atracción en sí mismas.

Al igual que el artesonado de la biblioteca, en la planta superior, y de uno de los espacios intermedios de la torre, ambas con balconadas de madera integradas en el propio espacio.

Hasta 5.500 publicaciones de las Letras argentinas se almacenaron en la librería. Pero la cultura no quedaba ahí, pues el complejo incluía un teatro con aforo de 200 personas.

Dependencias donde se guardaba, refrigerada en neveras acristaladas, la carne de novillo argentino

Dependencias donde se guardaba, refrigerada en neveras acristaladas, la carne de novillo argentino

Ni tampoco la «lectura», pues la propia fachada «habla» de la historia del país, empezando por el escudo nacional en el medallón superior, con el sol que asoma de la corona de laurel (faltarían las manos unidas y el gorro frigio) e inmerso en la abundancia vegetal dispuesta por el artífice Martín Noel.

Esencia sevillana

Aunque hubo otro nombre propio que terminó de conferir toda la grandeza al pabellón. La grandeza de los detalles. Hablamos del pintor gibraltareño, pero afincado en Sevilla, Gustavo Bacarisas.

La torre argentina / F.Piñero

La torre argentina / F.Piñero

Él fue el encargado, sin ir más lejos, de crear el cartel anunciador del certamen, (y el de Fiestas de primavera del año siguiente) y quien elaboró los numerosos paños de azulejo del edificio.

Algunos son de inspiración andaluza (patio interior) y otros cuentan con motivos coloniales («forrando» los pilares de sujeción), pero todos ejecutados en la fábrica de cerámica trianera de Montalván. Además, Bacarisas creó unos coloridos lienzos para el ornamento interior de la cúpula.

Si hasta ahora la parte más reconocible era la fachada principal, a la que «mira» con los brazos abiertos Simón Bolívar a caballo (foto que abre este reportaje), en los últimos tiempos es el área trasera la que está ganando peso, con otra portada que reproduce, curiosamente, un edificio de Arequipa (Perú).

La razón, el proyecto de convertir el Muelle de las Delicias en paradigma del ocio sevillano, con el Acuario y OpenStar, y el consiguiente aumento de la vida ciudadana en la zona.

Así, la flamante noria panorámica comparte «skyline» con la vistosa torre del Pabellón, desde las que se puede observar, de excepción, el barrio de Los Remedios. Ese que en cuestión de unos meses quedará coronado por la presencia argentina.