Reyes Domínguez es una joven que supera ya la treintena, los suficiente como para haber vivido muchos Lunes Santos a lo largo de toda su vida y de tener en su pensamiento pasar junto a su hermandad de Santa Genoveva muchas Semanas Santas más. Domínguez en una carta ha querido expresar todo lo que para ella significa cada Lunes Santo. Estas son sus palabras:

Desde que amanece, cada Lunes Santo es un día muy especial en el barrio del Tiro de Línea. Familias enteras, niños, jóvenes, adultos, mayores, vecinos, amigos… todos, como cada año, acudimos a la llamada de nuestro Cautivo y de nuestra Señora de las Mercedes. Un barrio entero que se vuelca con sus imágenes y con su Hermandad. Barrio-hermandad, o hermandad-barrio, no importa, ambos son la misma cosa.

No se trata solo de una procesión de Semana Santa, sino de mucho más… Es un día intenso, lleno de sentimientos y de encuentros. Nuestro Cautivo y nuestra Virgen de las Mercedes salen a la calle, hoy debemos caminar con ellos desde que salen hasta que se recogen, no importa la distancia, ni las horas que se tarda en recorrerla, no hay cansancio que valga. El Lunes Santo es un día en el que incluso los que ya no viven en el Tiro de Línea vuelven con sus hijos al barrio, no se puede faltar a la cita.

Realmente, es difícil describir con palabras todos los sentimientos que fluyen ese día, desde que nuestro Señor Cautivo sale de su templo a mediodía y comienza a «andar» por las calles del barrio y de Sevilla hasta que, por la noche, vuelve de nuevo a casa. Tan sencillo, tan cercano, como uno más… y a su vez, tan grande. ¡Qué solo vas y cuánto llenas! Inocente, cautivo, paciente, abandonado por tus discípulos… pero tu barrio del Tiro de Línea se echa a la calle y nunca te abandona, ni a ti, ni a tu madre.

Hermana desde la niñez, recuerdo con emoción cómo se vivían aquellos Lunes Santo cuando yo era pequeña. Recuerdo la casa de mi abuela Julia en la calle Marchena, ¡qué suerte vivir tan cerquita vuestra! Recuerdo, sobre todo, la cara de ilusión de mi tío, Manuel Domínguez, uno de los fundadores de la hermandad, que tanto ha luchado por ella y que ha sido una de las personas más buenas, discretas, humildes y sencillas que conozco. Recuerdo también como mi hermano, mi padre, mis tíos, mis primos… todos tenían su túnica preparada y lista para el gran día. Los bolsillos llenos de caramelos y con sitio suficiente para el bocadillo y el agua. Por aquel entonces, todavía no podíamos salir las mujeres de nazarenas, pero no importaba. Mi abuela, mi madre, mis tías, mis primas, y yo, todas, también acompañábamos a nuestra hermandad en su estación de penitencia. La veíamos salir y después, camino del parque y así hasta que entraba en la carrera oficial, momento en el que aprovechábamos para tomar algo y descansar un poco, para después seguir con ella y hacer la vuelta. Siempre me llamó la atención lo bonito que ponían el barrio y cómo se engalanaban los balcones para el gran día, así como la belleza de los pétalos de flores al caer sobre el palio de nuestra Virgen.

Años más tarde, cuando las hermanas tuvimos la oportunidad de salir también de nazarenas no lo dudé, y al estar apuntada desde pequeña, pude salir muy cerquita de él. De hecho, recuerdo un año que mi prima Rocío y yo, éramos las dos únicas mujeres del último tramo de Cristo, además de mi sobrinita María, que con cinco añitos también iba a nuestro lado y que fue capaz de hacer la estación completa de penitencia junto a nosotras y mi hermano. Años después se incorporaría también mi sobrinito Javier y posiblemente, seguirán añadiéndose en los próximos años, si Dios quiere, los nuevos miembros de la familia que estén por llegar… porque la Hermandad del Tiro de Línea realmente arrastra, llena, «cautiva»… Un año más, salud y muchas fuerzas para seguir adelante… Siempre…