De la Plaza de España poco secretos nos quedan por conocer. Mucho se ha hablado de ella, conocemos sus «flirteos» con el mundo del cine, sabemos cómo funcionan las barcas que navegan a sus pies, lo acogedora que es con los deportistas y que «admira» desde sus balcones la moda propia de la ciudad, pero aún queda por conocer cuáles eran sus aspiraciones antes de ser abandonada por el que fue su «padre», Aníbal González. La Plaza de España no quería ser un espacio abierto, la plaza por excelencia de Sevilla quería ser un anfiteatro.

Plano Plaza de España

Plano Plaza de España

Así lo confirman los expertos Víctor Pérez Escolano y Alberto Villar Movellán en sus obras Aníbal González: arquitecto (1876-1929) y Arquitectura del regionalismo en Sevilla (1900-1935), respectivamente. Estos documentos desvelan que la idea de la Plaza de España como proyecto original era cerrada y semicircular, como un anfiteatro. Puede verse en el plano de 1912 en la fotografía de la izquierda.

Había dos razones principales para construir un espacio cerrado. En primer lugar porque se entendía como un espacio público -tipo auditorio, escenario, teatro al aire libre- y en segundo lugar porque iban a añadirse junto a ella tres pabellones provisionales auxiliares -el de Actos y Fiestas, Industrias Generales y Agricultura-.

Plaza de España

Plaza de España

Al igual que hubo razones para considerar que los más adecuado era hacer un lugar público típico de la civilización romana, aparecieron los motivos para acabar con este deseo. El  tiempo de ejecución fue el primero que le jugó una mala pasada al proyecto de Aníbal González, puesto que en un principio se pretendía inaugurar en 1914, pero el el estallido de la I Guerra Mundial lo retrasó a la espera de que acabara la contienda. El dinero también hizo de las suyas y cuando se hicieron las cuentas resultó que no había manera de financiar la construcción. Por último, la reforma del parque de Jean Claude Forestier, arquitecto traído de Francia para diseñar el Parque María Luisa, cambió la disposición de la que estaba llamada a ser el reclamo monumental de la capital hispalense.

Como el parque se inauguró en 1914 y cogía buena parte del espacio pensado para la Plaza de España, el historiador de Arte, Álvaro Cabezas García, apunta que Aníbal González diseñó un nuevo plano en 1915 en el que ya no aparecía la Plaza de España cerrada, sino como hoy la conocemos. La inclusión de la fuente que, en opinión de los expertos, coarta todo el espacio es de 1925 y se debe a la persona que sustituyó a González en este cometido, Vicente Traver.