Si hubiera que representar al Parque de María Luisa en un animal, seguramente se optaría por la paloma. Tal vez por el pato. Incluso por el león, pero sólo por la representación pétrea de la fuente que lleva su nombre.

Al menos desde mediados de los 60. Y es que, durante algunos años, llegó a haber leones de carne y hueso en el parque. Y flamencos rosa, jabalíes, buitres, monos

Los Jardines de María Luisa se convirtieron, por tanto, en el punto de referencia de aquellos sevillanos que querían contemplar animales salvajes. Eso sí, en cautividad, puesto que la atracción en sí era un zoológico.

El proyecto inicial tomó cuerpo en la conocida como Isleta de los patos. En una primera fase, hubo hasta ejemplares de dingos australianos (una subespecie de lobo de Oceanía), pumas, papiones, mandriles y driles (similares a los anteriores pero a los que les falta el vistoso colorido facial).

Fue una de las iniciativas con las que se quiso reactivar el recinto de la Exposición Iberoamericana, tras los años de pseudo abandono una vez la muestra echó el cierre. No fueron unas décadas fáciles, como es lógico..

Dingo australiano en libertad

Dingo australiano en libertad

Para ello, en los años cincuenta conformaron grupo gestor Juan Aizpuru, Joaquín Pascual Perucha, Fernando Real, José Elías y Francisco Carabantes, muy vinculado a los parques zoológicos (trabajó a lo largo de su trayectoria en Turín, Jerez y Zurich).

Como explicó el propio Carabantes al diario ABC en octubre de 1984, «allí estaban, en unos cajones para toros, una pareja de leones -Sultán y Guara- que se había intercambiado con un oso polar que regaló al Ayuntamiento de Sevilla el dueño del Circo Prim. El oso, que tenía una astilla en la pata, fue enviado a Barcelona».

Llegó a nacer una leona en el parque, lugar donde murió un majestuoso avestruz poco tiempo después de la apertura del zoo. Hablamos del período que se abrió a finales de 1957, cuando se adquirieron las primeras jaulas, por un presupuesto de 7.000 de las «antiguas» pesetas.

De felinos a primates

Poco a poco fue expandiéndose a los alrededores de ese recoleto pabellón hexagonal en el que se cuenta que Alfonso XII se declaró a María de las Mercedes. Así, en 1966 llegó casi al espacio que hoy ocupa la Rosaleda de Doña Sol.

En esa segunda etapa la estrella eran los monos, a los que los sevillanos alimentaban en sus jaulas con mucho más espectáculo del que se produce con las aves en la Plaza de América. Que ya es decir.

Se completó la fauna con cuervos, faisanes, águilas, cigüeñas, loros… Los pájaros, los primeros protagonistas de aquel espacio, ya en las épocas de los Montpensier y de Forestier, fueron estableciendo allí su ecosistema con mayor fortuna que el resto.

Pabellón de Alfonso XII en la Isleta de Los Patos

El Pabellón de Alfonso XII y la Isleta de Los Patos, espacio del extinto zoológico de Sevilla

Pues esa buena acogida fue de lo más efímera. Pronto se replegó al recinto inicial y en cuestión de 7 años cesó su actividad. Problemas de filtraciones de agua y la falta de mantenimiento (y el compromiso de hacerlo) harían el resto.

«El desmantelamiento definitivo tuvo lugar en 1982, cuando el Parque ya había sido declarado Jardín Artístico», recuerda Amparo Graciani y José Lucas Chaves en «Parque Centenario». En su lugar quedaría un espacio destinado, en un primer momento, a conciertos dominicales.

Curiosamente, y de nuevo surge el paralelismo con la Expo 92, más concretamente con la Isla de La Cartuja, a mediados de los 80 se desempolvó la idea de que Sevilla volviera a contar con un zoológico en la zona de la Corta. Aunque no fructificó, expertos como Carabantes se mostraron bastante efusivos con la idea.

Hoy, décadas después, La ciudad de Sevilla también exhibe especies animales, pero en un acuario. Y si se «explora» la provincia se pueden contemplar grandes felinos, primates, reptiles y paquidermos. Pero ni rastro de animales exóticos en los Jardines de María Luisa. Con permiso de los pavos reales, coloridos patos y sevillanas palomas. Las que han terminado por definirlo.