Tal día como hoy, en 1930, culminaba la que para muchos sevillanos fuera la materialización del progreso. El símbolo de una nueva etapa, tras otra para olvidar. La exaltación del glorioso pasado de Indias, sevillano y nacional.

La Exposición Iberoamericana llegaba a su fin tras más de un año (409 días) dando a conocer las realidades de una veintena de países de latinoamérica, que «desembarcaron» en Sevilla mediante construcciones de mérito artístico.

Junto a ellos, no pocas regiones de España, y las 8 provincias andaluzas, con el lógico papel preeminente de la anfitriona, una Sevilla que experimentó una auténtica transformación a todos los niveles al amparo de la muestra.

Desde SevillaCiudad se han venido ofreciendo diversos reportajes para acercar al lector las distintas curiosidades de los pabellones, espacios y protagonistas de la Exposición del 29.

Aprovechando el 85º aniversario de la clausura, he aquí un repaso de la preparación, desarrollo y legado de la Exposición Iberoamericana a través de diez hitos.

1. Plaza de España

Inauguración de la Plaza de España, acto en el que participó Manuel Font de Anta con un pasadoble dedicado al monumento

Inauguración de la Plaza de España, cuando aún quedaban ciertos detalles para adquirir la fisonomía actual

No sólo fue el corazón y símbolo de la muestra, sino que terminó por convertirse en el de la ciudad misma. Con permiso de la Giralda y la Torre del Oro.

Sus obras se extendieron entre 1914 y 1928, con diversas modificaciones del proyecto inicial fraguado por el entonces arquitecto general de la Exposición, Aníbal González.

De hecho, los emblemáticos bancos de las provincias no llegaron hasta que Pedro Sánchez Núñez tomó el relevo, en 1926.

Aunque lo más llamativo es que González había proyectado un anfiteatro elíptico, y no un espacio abierto semicircular como finalmente quedó dispuesto en 1925. Curiosamente, la Plaza de España alberga un teatro, pensado para la cuestión institucional de la muestra.

Con el tiempo, la plaza de España se ha convertido en necesario punto turístico, así como en centro neurálgico de distintas actividades relacionadas con el deporte, el motor, la moda o, como no, la cultura.

2. Parque de María Luisa

El trenecito, la atracción de la Expo del 29

El trenecito, la atracción de la Expo del 29 en el Parque de María Luisa

El certamen se articuló en torno a los Jardines que la Infanta María Luisa de Borbón había cedido a Sevilla en 1893. De hecho, la Exposición fue el revulsivo para la puesta a punto del parque, recibido en discutible estado de conservación .

Se barajaba 1914 como año de inauguración, pero problemas organizativos, económicos y, a mayor escala, bélicos, retrasaron el arranque quince años. Sin embargo, Jean Claude Forestier sí que remozó los jardines a tiempo, aunque su enriquecimiento continuó más allá de la fecha marcada.

La Expo del 29 trajo a los Jardines de María Luisa glorietas como la de Benito Mas y Prat, José María Izquierdo y los Hermanos Álvarez Quintero, todas de Aníbal González, así como la reorganización de la de Bécquer. Por otra parte, Vicente Gómez Traver ejecutó el vallado artístico del perímetro y creó el pabellón de Información, que hoy conocemos como Restaurante La Raza.

Y, para dar una mayor sensación de evento expositivo, se dispuso un tren turístico que paseaba al visitante por las zonas más emblemáticas.

El pasado 2014 se cumplió el primer centenario del parque, ya remodelado, y se llevaron a cabo numerosas actividades.

Entre ellas destacaron una exposición fotográfica, rutas teatralizadas y un libro de dibujos, amén de vuelos en globo aerostático evocando las rutas en Zeppelin que partían desde Sevilla hasta Larache entre los años veinte y 1937..

3. Plaza de América

Anaqueles con libros en la glorieta de Cervantes, en la Plaza de América (1929) / Archivo Serrano

Anaqueles con libros en la glorieta de Cervantes, en la Plaza de América (1929) / Archivo Serrano

Mención aparte merece la Plaza de América, la otra obra maestra de Aníbal González, o mejor dicho, conjunto de ellas.

En su espacio se concentraron tres grandes pabellones, hoy reconvertidos en su uso. El de Arte antiguo o Pabellón Mudéjar, el de Bellas Artes o Palacio Renacimiento y el Pabellón Real.

En la actualidad albergan, respectivamente, al Museo de Artes y Costumbres populares, el Museo Arqueológico y, a partir del 2017, la colección Bellver.

Circundando toda la plaza se pueden encontrar 16 victorias aladas con las que el arquitecto quiso subrayar la idea de triunfo, de éxito potencial en la muestra que estaba por venir. Siguiendo el modelo de la Exposición de Turín, y utilizando la piedra arenisca, creó estas estatuas de 16 metros de altura, todas portando un objeto distinto.

Además del estanque central y las rosaledas, González incluyó dos glorietas dedicadas a Cervantes y a Rodríguez Marín, que contaban con anaqueles en cerámica que aspiraban a convertirse en biblioteca pública y gratuita. El objetivo se repitió en otros puntos del parque.

4. El regionalismo

Acto de entrega de la vivienda a la familia de Aníbal González en 1932

Acto de entrega de la vivienda a la familia de Aníbal González, tras su muerte, en 1932

El inicio del siglo XX supuso para Sevilla la hegemonía de un estilo artístico fundamental para entender su esencia actual: el regionalismo.

Con el ladrillo visto, la cerámica y el azulejo como principales materiales de construcción, esta «nueva» tendencia recuperaba estilos históricos dotándoles de actualidad y, sobre todo, imprimiéndoles toda la identidad sevillana.

La corriente artística llegó a su cenit gracias a tres arquitectos. Aníbal González, Juan Talavera y Heredia y José Espiau.

Talavera y Heredia renovó el patio andaluz, y dejó para la posteridad obras tan sorprendentes como las Casas Gemelas de la Borbolla. Espiau, por su parte, gestó el hotel más lujoso de Sevilla. No sólo de la del 29, sino de la que ha llegado a nuestros días. Se trata del Hotel Alfonso XIII, inaugurado en abril de 1928 con un gran banquete al que asistió el monarca del que toma su nombre.

De González mucho se ha dicho ya. Su destreza y visión eran patentes. Lo que tal vez se más se desconoce fue su desenlace.

Apartado de la gestión de la Exposición Iberoamericana y falleciendo súbitamente, su familia quedó al yugo de las deudas y la penuria económica. En agradecimiento por su legado, la propia ciudad realizó una cuestación con la que pagar una vivienda a la viuda e hijos.

Se le construyó en la actual avenida de la Palmera, entonces avenida de la Reina Victoria. Recientemente se puso a la venta la mitad de la finca, dejando constancia de que ésta es una de las zonas más caras de Sevilla, como demuestran el ránking de casas caras de la ciudad.

5. Los nuevos barrios

Vista aérea de Heliópolis en una instantánea de la década de los 30 / Diccionario histórico de las calles de Sevilla

Vista aérea de Heliópolis en una instantánea de la década de los 30 / Diccionario histórico de las calles de Sevilla

La Exposición Iberoamericana fue un claro revulsivo para la ciudad. Mejoraron las infraestructuras, las comunicaciones, se adecentó el viario y el caserío de buena parte de Sevilla. En la avenida de la Palmera, por ejemplo, se sustituyó la red de alumbrado de gas por la eléctrica, se impulsaron las viviendas tipo palacete e incluso se construyó un estadio deportivo.

Gracias a «La ultramarina» «se abrieron» barrios como San Bernardo, y otros fueron creados desde 0. Directamente.

Es el caso del Porvenir, antiguo cementerio medieval (el de San Sebastián) y posteriormente conjunto de terrenos propiedad de los Camino y Zambrano, que fueron adquiridos por el Ayuntamiento para erigir una distinguida zona residencial. Como en los edificios de la muestra, la arquitectura más extendida en el Porvenir fue la regionalista.

Algo similar, aunque con un claro objetivo de hospedaje turístico, ocurrió con Heliópolis. Allí se levantaron los 390 chalets ajardinados que hoy se mantienen sin haberse alterado su fisonomía ni un ápice, destinados al descanso de visitantes y técnicos de la Iberoamericana.

Al igual que ocurriera con el Porvenir, en este barrio que inicialmente se conociera como «Hotelitos del Guadalquivir» se planteó un nomenclátor muy relacionado con los países protagonistas de la Expo del 29.

6. Las primeras confirmaciones: México

El Pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de 1929, en plena muestra.

El Pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de 1929, en plena muestra.

El certamen iberoamericano se gestó y llegó a Sevilla, retrasos aparte, en la época del «boom» de las exposiciones internacionales. Si el evento resultaba ventajoso para el país/lugar anfitrión, no lo era menos para el invitado.

Con la del 29 se buscaba recordar y reafirmar los lazos de hermandad entre España (y más concretamente Sevilla) y las naciones de iberoamérica.

México vio clara la oportunidad de demostrar al mundo su nueva realidad, directa al progreso pero sin olvidar su tradición histórica y artística. Sus raíces toltecas y mestizas.

Así, fue uno de los primeros países en confirmar su presencia, ya en 1923. Chac-Mools, Quetzalcóatls, estatuas de guerreros, simbólicos vitrales… componían un pabellón neoindigenista, el único de este estilo en Sevilla, que a su vez ejercía de batería ideológica y propagandística del país latino.

7. Construcciones majestuosas: Perú

Pabellón de Perú 1929

Patio interior del Pabellón de Perú para la Exposición Iberoamericana de 1929

Si el regionalista fue el arte imperante en la ciudad en el primer siglo XX, en los pabellones de la Expo del 29 compartió protagonismo con el necolonial.

Hubo grandes diseños y ejecuciones, pero probablemente el más imponente, incluso a día de hoy, fuera el de Perú.

A diferencia del de México, y de otros tantos, el pabellón peruano fue diseñado por un arquitecto español, Manuel Piqueras Cotolí, cordobés para más señas.

Tras haber realizado la fachada de la Facultad de Bellas Artes de Lima, y haber construido el edificio sevillano, el arquitecto se convirtió en abanderado del movimiento neoperuano.

Ladrillo y piedra por las raíces indígenas. Las balconadas en madera por el pasado barroco español. Mosaicos incas e infinidad de detalles para este pabellón que alberga, en la mitad del edificio, el Consulado de Perú. Y la Casa de la Ciencia en la otra.

8. La «extraña tríada»: Marruecos, Colombia y Guinea

Fachada lateral, con el minarete a la derecha, del Pabellón del Protectorado de Marruecos

Fachada principal, con el minarete a la derecha, del Pabellón del Protectorado de Marruecos

En el sector sur de la avenida de las Delicias, de ese «Paseo de las Naciones» que la organización proyectó para la amplia vía, se concentraban tres exponentes artísticos y culturales bien distintos. Tal vez el contrapunto del conjunto.

El más visible era y es el de Colombia. Creado por José Granados de la Vega y Ángel Hoyuelas Martínez, del Gabinete Técnico del Comité Organizador, presenta una vistosa fachada rematada en dos torres y una especie de devota serpiente enroscada.

En general, el edificio se inspira en lo sagrado y lo sacerdotal, con claras alusiones a Chibchas y Quimbayas, y su organización interior ocurría en torno a un patio con fuente. Todo «un paraíso» para quienes tuvieron el privilegio de habitarlo.

Junto a éste, y en un estilo netamente islámico, se alza el Pabellón de Marruecos, entonces protectorado español. Minarete, arcos apuntados, fuente de mármol blanco, zonas de bazar… no faltaba un detalle en este edificio que costó lo que hoy vale una televisión. Marruecos contó incluso con un barrio moro, fuera del recinto del pabellón, del que poco quedó tres meses después de la clausura.

El trío lo completaba el Pabellón de la Guinea Española, al más puro estilo tribal, con apariencia de cabaña selvática y que ofrecía espectáculos de danzas de la que en aquella época era colonia de España.

9. Las ausencias… o casi: Brasil y Portugal

Interior del Pabellón de Portugal 1929

Salón principal, con cúpula de teja vidriada, del Pabellón portugués en la Sevilla de 1929

El planteamiento original del certamen se centraba en España y sus antiguas colonias. No había intención iberoamericana. Sin embargo, tras la I Guerra Mundial se cree conveniente apaciguar las relaciones internacionales.

Además, la vecina Portugal había solicitado la inclusión. Así que la concepción primigenia se amplió quedando el resultado conocido.

El interés luso se demostró en la fuerte inversión, la mayor realizada en la muestra. Su cúpula de 26 metros en teja vidriada era el elemento más vistoso de un edificio en el que no faltaba la decoración y las trazas en estilo Neo Juan V, evocando el rico pasado portugués del siglo XVIII.

Un caso parecido, pero más accidentado, fue el de Brasil. No estuvo invitada inicialmente (al igual que Portugal y Estados Unidos) y para cuando recibió el «permiso» se encontró con una reducción del presupuesto barajado, ya se había comprometido a asistir a la «Sesquincentennial Exposition of Philadelphia» de 1926 y había celebrado, pocos años antes, una «Exposición sobre el Centenario de la República».

El pabellón abrió dos semanas tarde. En noviembre, fue evidente la despreocupación de los organizadores, que se tradujo en el cierre definitivo del edificio seis meses antes de la clausura que hoy se conmemora.

10. Los otros pabellones: Telefónica y Jerez

Telefónica, como otras compañias comerciales, tuvo su pabellón en la Exposición Iberoamericana

Telefónica, como otras compañías comerciales de España, tuvo su pabellón en la Exposición Iberoamericana

No sólo concurrieron naciones. Como se apuntó al inicio, las ocho provincias de Andalucía tuvieron su representación en pabellones, situados en la avenida de Reina Mercedes, al igual que Barcelona. Hasta Jerez de la Frontera se exhibió en un pabellón, de manera independiente de Cádiz.

Para ello se ubicó en la Venta Antequera, que ya existía como lugar de descanso de las reses la noche previa a la corrida. Y como fonda de toreros y sitio de recreo. El propio Rey Alfonso XIII le otorgó el título de Real tras una animada visita. Tras ser remodelada para la ocasión, allí quedó el Pabellón de las Tierras del Jerez.

Asimismo hubo edificios de regiones como Galicia, Canarias, Extremadura, Castilla y León, Castilla La Mancha (entonces La Nueva) y País Vasco, que se mantiene como Hospital Duque del Infantado.

Pero por la ya mencionada conveniencia del evento, diversas compañías e instituciones comerciales españolas quisieron tener su espacio en la muestra. Desde el «Ministerio de Marina» a la Cruz Roja. De la Arrendataria de Tabacos a los jamones de Juan Pedro Domecq o los vinos Osborne. Hasta los medios de comunicación (prensa) y las propias comunicaciones.

En ese sentido destaca el antiguo Pabellón de Telefónica, que sirvió para dar servicio a las naciones invitadas al tiempo que mostró los últimos avances en la materia. Fue obra de Juan Talavera y Heredia, que incluyó referencias al convento de Santa Paula, San Isidoro del Campo y La Rábida.

Al igual que el resto de las construcciones que integran esta lista, a la que habría que añadir otros como el de Argentina y Cuba, el edificio aún se conserva con la esencia con la que fue creado. De cara a 1929.