Lo que hoy es un distinguido barrio residencial fue en tiempos una de las zonas industriales más pujantes de Sevilla. El Porvenir, situado a espaldas del parque de María Luisa, alberga restos de ese pasado fabril con edificios firmados por los arquitectos Aníbal González, Juan Talavera o Pedro Fernández de Heredia. De este barrio de la zona sur de la ciudad salía gas, electricidad o ácido carbónico líquido, que se fabricaba en La Coromina, un singular edificio que se conserva casi igual después de muchas décadas.

La fábrica de La Coromina salió, como muchos otros edificios industriales del barrio, de la cabeza del arquitecto Aníbal González, uno de los máximos exponentes del regionalismo andaluz. Como sus inmuebles vecinos mantiene las características de «aquellas industrias que se insertaban en un tejido urbano, aunque en el año 1917 el barrio de El Porvenir se encontraba poco consolidado», se detalla en la ficha técnica de este edificio construido entre los años 1917 y 1918.

La CorominaA finales de los años 20, la ciudad veía como se abrían las puertas de La Coromina, una antigua fábrica de ácido carbónico, proyectada por Aníbal González en 1917 y que en la actualidad pertenece a la Universidad de Sevilla. La arquitectura regionalista también viene a solucionar problemas derivados de las nuevas necesidades industriales. En el nuevo lenguaje arquitectónico encajan los espacios diáfanos como el que se puede ver en la Antigua fábrica de La Catalana de Gas, diseñada también por Aníbal González y construida entre 1912 y 1915. Un ejemplo interesante de la arquitectura industrial sevillana.

El edificio de La Coromina se ajustó al perímetro de la parcela, cuidando su fachada como si el uso fuese residencial. «Tiene el valor de que con ello se creaba un ambiente urbano ajustado a la escala del barrio, de escasa altura y en general, permitiendo poca visión de los espacios interiores de las parcelas. Las fachadas ajustadas a la alineación ocultaban el patio de maniobras y almacenamiento de productos y materiales», detalla la ficha.

El inmueble mantiene el uso de materiales propios del regionalismo historicista que tan buen sabor de boca dejó en Sevilla. Ladrillo visto en el exterior, forjados y armaduras metálicas, pavimento de baldosas de cemento y de ladrillo y carpinterías y herrerías de hierro. Sin embargo, a diferencia de los edificios residenciales, el arquitecto mantuvo en el diseño técnicas que se utilizaban en la arquitectura industrial europea y americana, que propugnaban las teorías de máxima higiene. De ahí que se incluyesen en el diseño unos grandes ventanales en la fachada de la calle Paz.

En la actualidad, la torre que en su día fue parte del edificio ha desaparecido. Como también se esfumó su pasado fabril. En la actualidad, es la Universidad de Sevilla la que está dando uso a este edificio de Aníbal González.