Dos casas con la misma imagen, con un fiel reflejo, tienen las mismas medidas, ventanas iguales, idénticos jardines y exactas fachadas. Así son las casas gemelas de la avenida de la Borbolla, justo a la altura del número 55 y 57. «Viejas» vecinas de Sevilla, con casi 100 años de historia, pero grandes desconocidas de la ciudad, posiblemente porque están rodeadas de mucha belleza, de edificios singulares con un estilo arquitectónico, el Regionalismo, que invadió la capital hispalense a principios del siglo XX.

Las viviendas pareadas e idénticas del Porvenir se gestaron con la clara idea de que fuesen exactamente iguales, quizás porque quienes estaban llamados a ser sus dueños eran hermanos y era un regalo de su padre, cumpliendo así con su deseo expreso de dar lo mismo a cada hijo. El comprador era Vicente Aceña, presidente del Círculo Mercantil a finales del XIX, que encargó este curioso trabajo a Juan Talavera.

El estilo de las «almas gemelas» de la avenida de la Borbolla responden a la perfección al canon arquitectónico de la primera etapa del Regionalismo, así, sigue la estética neomudéjar que introdujo Aníbal González en los primeros años del segundo milenio y que destacaba por vestir los exteriores de los edificios con motivos decorativos propios de los palacios del siglo XVI. Dicen los expertos incluso que Talavera se inspiró en la Casa de Pilatos.

casas-gemelas2Talavera jugó con los volúmenes y destacó los miradores, precedentes de lo torreones de la época neobarroca. En las viviendas se puede observar el uso abundante de yesería, pero con herrajes muy cuidados. Seguramente por su proximidad al recinto de la Exposición del 29, las casas anticipan la estética dominante en los pabellones y monumentos levantados por lo grandes arquitectos de la ciudad.

Esta construcción fue una de las primeras incursiones de Talavera en la arquitectura de vocación autóctona, que trabajó durante 20 años, tiempo en el que contribuyó en su desarrollo y consolidación.

Pasado el tiempo, el edificio que nació con clara vocación de sorprender por su singular diseño ha sido presa del destino y de los avances arquitectónicos y, aunque por fuera todo parezca igual que hace 100 años, el interior de una de las «gemelas» sufrió una remodelación en el año 1989 para adaptarse a las necesidades de sus inquilinos. Una de ellas sigue siendo hoy vivienda, la otra ha quedado como oficina.