El Regionalismo irrumpió en Sevilla a comienzos del siglo XX. Esta corriente arquitectónica vino a acabar con la depresión que vivió la ciudad a final del siglo XIX. Esos años dejaron en la capital hispalense el mayor índice de mortalidad del mundo, una economía paralizada y problemas sociales como la gran inmigración campesina en la ciudad. A pesar de todos los inconvenientes, Sevilla dejó de mirar al pasado para poner la vista en el futuro.

Ese «mañana» tenía nombre y apellido, Exposición Iberoamericana. Todas las esperanzas estaban puestas en esta muestra que colocó a Sevilla en el punto de mira de todo el mundo. Hispalís comenzó a resurgir y el movimiento Regionalista tuvo mucho que ver en esto, tal repercusión tuvo esta corriente, que incluso también fue llamada estilo arquitectónico sevillano.

En estos años del renacer sevillano apareció el grupo de arquitectos que dio vida al Regionalismo. Ellos unieron los elementos estilísticos históricos y las piezas originales. Esta nueva corriente  tuvo como principal seña de identidad el ladrillo visto, además de reconocerse por el uso de materiales locales como azulejos, ladrillos y cerámicas, entre otros. La lista de estos proyectistas, inventores del Regionalismo, la encabeza Aníbal González, pero además del creador de la Plaza España, hubo otros arquitectos que también escribieron algunas líneas de la historia de la ciudad.

Aníbal González fue el arquitecto más famoso del panorama nacional en su época. Se licenció como número uno de su promoción en 1902. Considerado el padre del Regionalismo, este hombre fue el creador de las formas ornamentales, buscaba el estilo autóctono en tiempos pasados, se servía del ladrillo visto, de la yesería, el hierro forjado y el azulejo como elementos principales de sus proyectos.

El gran encargo del que fuera elegido como Hijo Predilecto de Sevilla fue el proyecto de la Exposición Iberoamerica de 1929, le dio muchas alegrías al ser elegido el autor y director de las obras y al mismo tiempo le causó algún que otro problema que lo llevó a dimitir antes de la conclusión de las mismas en el año 1926.

Dejó una gran número de obras realizadas, la más destacada y por la que es conocido en todo el mundo es la de la Plaza España, pero no se quedan atrás creaciones como la Plaza de América, la casa para el Conde de Ibarra, el pabellón de la Asociación Sevillana de la Caridad, la Fábrica de de Gas, actual gimnasio Galisport, o el chalet Las Palmeras para Torcuato Luca de Tena, entre otras.

Plaza de España, obra de Aníbal González

Plaza de España, obra de Aníbal González

Juan Talavera y Heredia cuentan que fue el único capaz de competir con Aníbal González. Talavera se caracterizaba por ser mejor constructor que diseñador, y supo encontrar el equilibrio entre la función práctica y la expresiva. Se encargó de hacer una interpretación personal de los patios andaluces a través del ladrillo visto, el hierro de forja, los azulejos y la madera policromada.

Talavera y Heredia trabajó como arquitecto municipal, eso le posibilitó hacer más edificios en la ciudad. Recibió encargos muy importantes como la construcción del Pabellón de la Compañía Telefónica Nacional de España, también la Casa Ocaña- Carrascosa en la calle Tetuán. Su trabajo más singular fue las Casas Gemelas de la avenida del Borbolla.

Las Casas Gemelas, obra de Juan Talavera

Las Casas Gemelas, obra de Juan Talavera

De José Espiau dicen que fue el menos pretencioso de los arquitectos de la época. En el año 1912 vivió su momento culmen por todos los proyectos que llevó a cabo. Su estética se centraba en el ornamento como componente diferenciador y se caracterizaba por dibujar personalmente muchos de los elementos que formaban parte de sus edificios como ventanas, rejas o puertas.

Entre sus trabajos se encuentra la Casa de Antonio López en la calle Orfila, el edificio Ciudad de Londres, La Adriática en la avenida de la Constitución que ha albergado durante muchos años la confitería Filella o el famoso hotel Alfonso XIII.

Hotel Alfonso XIII, obra de José Espiau

Hotel Alfonso XIII, obra de José Espiau