«Una isla abandonada en pleno Sevilla». Así es como Ana Ojeda, presidenta de la Asociación de Vecinos Bami Unido, define al barrio en el que lleva viviendo 30 años. Son apenas 4.000 vecinos, pero soportan a diario una población flotante de más de 12.000 personas debido a los centros sanitarios que les rodean. El principal, el Hospital Virgen del Rocío, pero también numerosas clínicas y centros.

Y es que, a pesar de los beneficios económicos que supone tener estos grandes centros en la zona, los vecinos de Bami llevan años arrastrando con una lucha que, aunque en diferentes fases, parece no tener fin: el aparcamiento, la zona azul… y los gorrillas.

El problema empezó, según explica Herminia Carrión, vicepresidenta de Bami Unido, cuando el hospital comenzó a crecer, se construyeron más dependencias, y se obligó a los trabajadores a aparcar fuera del recinto sanitario. «Era cada vez más personal, y más coches, por lo que empezó a crearse un negocio que los gorrillas aprovecharon». Llegaban a sacar 150 euros al día. A cambio, el apacible barrio se transformó en un rumor de peleas, situaciones desagradables y mucha suciedad. «La mayoría eran drogodependientes», afirma Ana Ojeda.

Convivencia imposible

«Hacían sus necesidades entre los coches, incluso los hemos visto practicar relaciones sexuales en plena calle», comentan los vecinos. Y hablan también de las broncas violentas entre ellos y con los propios vecinos. Incluso de robos en viviendas y coacciones a las personas mayores para que les dejasen subir a sus casas. Una convivencia imposible.

«En una ocasión, un aparcacoches increpó a un matrimonio mayor que acababa de aparcar y, nerviosos por llegar al hospital, no le dieron nada», relata Ana Ojeda. «Cuando yo me acerqué y le pedí que los dejase tranquilos, comenzó a insultarme. Me llamó clasista, y cosas peores, y recorrió la calle gritando que Bami era un barrio de pijos y que éramos todos iguales».

Es solo una, de las innumerables anécdotas, que cuentan los vecinos. «Dormían en los bloques, en los bancos, bebían en la calle…», cuenta Herminia Carrión. «Llamábamos a la Policía, claro, pero la mayoría de las veces, excepto cuando poseían antecedentes penales, no podían hacer nada, ya que eran gente sin domicilio y no se les podía multar». La presidenta de Bami Unido añade otro testimonio: «había un gorrilla que siempre llevaba un cúter en la mano para rayar los coches que le daba la gana».

Mientras tanto, el barrio estaba cada vez más atestado. «Dos vecinos murieron en un incendio debido a que los bomberos tuvieron que quitar coches en doble fila. Cuando entraron en el edificio, ya era tarde», cuenta Ana Ojeda.

La zona azul

Ana Ojeda, presidenta de Bami Unido

Ana Ojeda, presidenta de Bami Unido

Tras numerosos años intentando cambiar la realidad de Bami, incluida una propuesta de policía de barrio prometida por las autoridades que nunca se llevó a cabo, llegó la salvación: la zona azul. «Ha sido lo único que ha funcionado, ya no hay gorrillas durante el día, aunque sí vienen cuando se van los vigilantes de Aussa y los fines de semana». Ahora, dicen, el barrio es mucho más tranquilo y pueden salir «sin miedo a la calle». Por ello, una de sus principales reivindicaciones es que no quiten la zona azul de su barrio. «Los vecinos piden que se deje, los que la quieren quitar son los trabajadores del hospital y algunos comerciantes que viven en otros sitios, pero ellos no son los que sufrían día tras día la presencia de los aparcacoches como nosotros», comentan.

Para los contrarios a la zona azul, Bami Unido pide negociaciones y beneficios, pero se niegan a que este sistema de pago por aparcamiento desaparezca de su barrio. «Sería volver al infierno de antes». Un infierno que ahora reviven los fines de semana. «Antes eran drogodependientes, ahora  son una mafia completamente organizada. Vienen más de 40 personas en furgonetas, tienen turnos y vuelven a traer el mal ambiente». De hecho, hay muchos vecinos que piden, incluso, que la zona azul también se instaure los fines de semana.

«Los malos modos no cesan. Hace pocas semanas, un gorrilla le dirigió palabras oscenas a una mujer de más de 60 años que acababa de salir de su portal, ¿qué necesidad tenemos de aguantar esas cosas», se queja Herminia Carrión.

Ahora que el Ayuntamiento ya ha advertido de su intención de suprimir la zona azul, la Asociación Bami Unido dice no rendirse, y pelearán hasta el final por la tranquilidad de su barrio. Un barrio que, además del aparcamiento y los gorrillas, tiene otros problemas como falta de infraestructuras o nula limpieza. Una isla desatendida entre hospitales.