¿Ha pensado alguna vez en hacer un árbol genealógico en su propio abeto navideño? Ahora esta idea tan familiar y navideña se puede hacer realidad gracias a María Teresa Rodríguez de la Borbolla, que instala una tienda cada año por estas fechas en el barrio de El Porvenir, concretamente en la calle Gaspar Alonso, esquina con Felipe II, donde se pueden encargar bolas personalizadas al gusto del consumidor. Abuelos, padres, tíos, primos, hijos… cualquiera puede convertirse en el protagonista de uno de los adornos más recurrentes de las Pascuas.

Pero el ingenio de los sevillanos va mucho más allá, no sólo se conforman con tener a sus parientes más cercanos presentes durante todas la navidades en el rincón más especial de la casa, sino que además piden a María Teresa que les plasme en la bolas a personajes históricos y religiosos relacionados con la ciudad.

La Esperanza Macarena y de Triana, Sor Ángela de la Cruz o los Reyes de España son las imágenes más deseadas por los clientes. Actualmente, hermandades, comercios y hoteles visten sus árboles con estas bolas tan especiales. «Este año he decorado el árbol de Navidad del hotel Alfonso XIII, han sido muchas horas dedicadas a este proyecto, pero el resultado ha sido impresionante, en total 102 bolas y en cada una de ellas se reflejan los distintos azulejos del hotel», confiesa María Teresa.

A sus 61 años, Rodríguez de la Borbolla se encuentra totalmente inmersa en este proyecto que nació hace tres años cuando tuvo que cerrar su tienda de decoración, aunque aún sigue con su estudio, y falleció su marido. «Tenía que idear nuevas creaciones y se me ocurrió este modelo de negocio que me está llevando a comercializar las bolas por el mundo entero», puntualiza.

El British Museum de Londres, el Museo del Prado, el Thyssen o la Pedrera de Barcelona son algunos de sus clientes. Para llegar a conseguir el resultado desdeado en la bolas ha trabajado durante dos años, investigando materiales y soportes. Ahora, esta sevillana tiene la patente del artículo y es la pionera en el mundo con esta idea. Concluye diciendo que ha sido costoso y que tiene que seguir trabajando, pero que «el resultado merece la pena».