A Antonio Miguel Moyano León no se le pasó jamás por la mente la repercusión que iba a tener su decisión de realizar la especialidad de Bellas Artes cuando cursó bachillerato. Tampoco se imaginaba la trascendencia que iban a tener sus virtudes artísticas y mucho menos que su manejo con la brochas le iban a llevar a ser el pintor encargado de dibujar un mural en las calles de Sevilla por la memoria y la justicia de las víctimas del terrorismo.

Moyano ha sido el ganador del I Certamen de murales por la memoria y la justicia de las víctimas del terrorismo organizado  por el Distrito Sur del Ayuntamiento de Sevilla en colaboración con la Fundación Alberto Jiménez-Becerril. Este premio significa mucho más para Antonio que un simple reconocimiento de la ciudad a su obra, este galardón es una muestra de respeto y cariño de este joven pintor sevillano a las víctimas del terrorismo, a todas y cada una, y especialmente a Alberto Jiménez-Becerril y a su esposa,  Ascensión García Ortiz.

Antonio se presentó al concurso gracias a la insistencia de su pareja y su hermana. Fue el mismo día de la entrega de premios cuando se enteró que era el ganador. «Me llamaron del distrito para comunicarme que se iban a entregar los premios y acudí pensando que no sería yo el ganador, cuando pronunciaron mi nombre me emocioné muchísimo. Toda la entrega y respeto que había puesto en el mural se vio recompensada en ese momento», indica el artista.

A los pocos días, el Distrito Sur le facilitó los materiales para que plasmara su obra en la en la tapia del colegio público Joaquín Turina, en la avenida Ramón Carande. Sólo le hicieron falta dos mañanas para estampar su creación en la pared, esta vez ya en gran formato. Dos mañanas en las que según cuenta le pasó de todo. Dice que fueron muchos sentimientos los que le afloraban en su interiror al pintar un mural en homenaje a personas inocentes a las que se les ha arrebatado la vida. También tuvo sus momentos dicertidos, «vino la policía unas cinco veces porque los vecinos de la zona denunciaron lo que yo estaba haciendo pensando que era un acto de vandalismo», confiesa entre risas. «Luego estos mismo vecinos que me habían denunciado venía a aplaudirme por el trabajo que estaba haciendo».

Así explica su obra, «En Caminando a la libertad quería representar la evolución del hombre cuando busca la libertad. En la parte derecha del cuadro se muestra la parte más trágica y amarga del ser humano cuando se encuentra prisionero de una situación, ya en la izquierza se observa la parte más amable, cuando la persona se siente liberada». Ésta es la perspectiva del autor acerca de las barreras que el terrorismo crea en la sociedad.