Carlos González Santillana es natural de Osuna y fue ordenado sacerdote el 15 de septiembre de 1996. Tras años de trabajo como secretario general y canciller de la Archidiócesis de Sevilla, fue nombrado como primer párroco de San Carlos Borromeo por el cardenal Amigo Vallejo.

Desde ese momento Don Carlos tenía una misión muy importante, «no sólo tenía que construir un edificio para la parroquia, sino que también, teníamos que consolidar la feligresía para la misma». Esa fue una labor primordial, «había que crear entre los nuevos vecinos la idea de que pertenecían a esta parroquia». Según cuenta el párroco, ésta fue la tarea del primer año. Para conseguirlo trabajaron en tres direcciones: crearon una página web, se realizó un buzoneo por la zona y se colocó una caseta prefabricada en el solar para que hubiera una presencia física.

Con respecto a la parte económica, se estableció un compromiso que decía que la parroquia se tenía que autofinanciar, ya que se encuentran en un sitio donde el nivel económico de las personas es mayor al de otras zonas. “No podíamos consumir recursos que la diócesis podía destinar a otros lugares de Sevilla”. Durante los dos primeros años esta asumió los gastos, «pero el tercero firmamos un préstamo con una entidad financiera por 2 millones de euros para sufragar costes». Entre risas Don Carlos declara: «Es verdad que es mucho dinero, pero gracias a Dios somos muchas personas, y no se trata de lo mucho que hay que hacer entre pocos sino de lo que hay que hacer entre muchos».

Todos los feligreses “arriman el hombro”
Según don Carlos cuando comenzó el proyecto se hicieron unas suscripciones, «esto nos dio una base de la que el banco se podía fiar», esto se suma a los donativos esporádicos, a las actividades extraordinarias y a una campaña recaudatoria específica que hay cada año.

Cuenta que desde el principio las personas se han vinculado mucho, no sólo con aportaciones monetarias, también con otros tipo de donativos, «por ejemplo, la mesa en la que estamos apoyados fue una donación». Añade que hasta con manualidades, «las mujeres de la iglesia han pintado los crucifijos que preside cada una de las aulas».

Una anécdota muy significativa es la del Cristo de San Carlos Borromeo, ya que fue un regalo de una familia, pero había que restaurarlo, y al párroco no le parecía el momento más adecuado por la crisis económica de gastar dinero en esto. Entonces, durante la misa de Nochebuena con los niños, éstos le pidieron un cristo y, así, Carlos González ideó un plan: «Que cuando la parroquia recaudara una cantidad similar a la necesaria para la restauración del Cristo, y que estuviera destinada a la Fundación Cardenal Spínola de lucha contra el paro, solamente entonces, la pondríamos en marcha». En tan sólo 20 días recaudaron 9.000 euros para dicha fundación y otros 9.000 para la reparación del cristo.

Actualmente la obra está finalizada, lo próximo que tiene que llegar son los bancos. «Es muy reconfortante ver cómo los feligreses sienten la parroquia suya y se emocionan con cada paso que damos». El nuevo templo, además, celebra hoy la festividad de San Carlos Borromeo, curiosamente la onomástica del hombre que la levantó y de aquel cardenal que puso su primera piedra.