Triana tenía su propio reloj. Las horas las marcaba en el Altozano y al arrabal no le faltaba ni un segundo de su tiempo. Un reloj que nada tiene que ver con el que actualmente se ubica en el edificio El Faro, frente a la Capillita del Carmen, y que el Consistorio proyecta restaurar para ponerlo de nuevo en hora. Entonces, ¿cuál es la verdadera torre del reloj de Triana?

La aclaración no se ha hecho esperar y de la mano de José Luis Jiménez, colaborador en el blog «Tri@na en la red», se conocía la historia de esta emblemática construcción. «El edificio que en Triana conocemos como El Faro lo designan erróneamente como la torre del reloj. Está situado junto a la «escalerilla de Tagua» y su inauguración tuvo lugar en 1924 como estación de pasajeros y depósito de mercancías destinadas a la ruta fluvial entre Sevilla y Sanlúcar de Barrameda, promovido por la compañía Sanlúcar-Mar. Con la des¿Cuál es la verdadera torre del reloj de Triana?aparición de ésta, se estableció allí un bar con el rótulo El Faro», explica Jiménez.

«Manuel Macías, en su libro «Triana, el Caserío», relata con todo lujo de detalles la historia de este emblemático sitio trianero, donde se ubica el reloj de la torre con tres esferas que ahora se quiere reparar», añade. Así, con la bibliografía en mano, Jiménez, con una amplia hemeroteca sobre la historia del arrabal, descubre en las redes las memorias de la torre original y que aparece en la imagen superior en una postal fotográfica que data de finales del siglo XIX y principios del XX.

La torre de Balbino Marrón

«Recién inaugurado el Puente de Triana -año 1852- y bajo el proyecto del arquitecto Balbino Marrón, en El Altozano se comienza la construcción de una torre para colocar un reloj. Todo parece indicar que se construye junto al conocido establecimiento «La Unión Palentin. El final de las obras tiene lugar en junio de 1853 y se remata conjuntamente con la humilde Capilla del Carmen, paredaña también con nuestra torre y más cerca de Sevilla,  con una altura inferior que permitía observar una de las dos esferas del reloj, precisamente la que miraba hacia el Puente. La otra esfera miraba al Altozano», describe José Luis Jiménez.

Un reloj que no estuvo exento de polémica tanto por su «inaudible» sonido como por sus averías. «Según relata Macías en su libro, a los pocos meses de su inauguración se comprueba que el sonido de la campana sólo era audible a escasa distancia de la torre, y determinando que el proceso de fundición no era el adecuado, se decide devolver a su fabricante: «Relojería de Zugasti e Hijo» de Bilbao. Así, instalan una nueva campana acorde con el requirimiento del proyecto», detalla Jiménez.

Años más tarde, en 1870, Triana ya no marca las horas en el Altozano. El reloj se queda parado y «los vecinos reclaman al Ayuntamiento la necesidad de conocer las horas con exactitud para acudir con puntualidad al trabajo. Y un vecino relojero, Manuel Rodríguez, se ofreció voluntario para arreglarlo». Tras reparaciones y modificaciones, finalmente en el año 1921 según ha podido averiguar Jiménez, el reloj deja de nuevo de funcionar. «Su demolición final ocurrió varios años después debido al ensanche del Altozano, dando lugar al edificio El Faro -justo enfrente- y a la nueva Capillita de Aníbal González».