Triana habla por sí sola. En cada rincón destila historia y arte que se huelen nada más cruzar el puente de Isabel II. Esa palabra, que lleva implícita en sus tres últimas letras el nombre de la patrona, de la Señá Santa Ana, recorre ciudades de todo el mundo. Es un barrio con solera, tierra de artistas, toreros, cantaores, escritores, y de un sinfín de personajes que siempre la han llevado por bandera. Es un baluarte de la cerámica, de la artesanía, del flamenco. Un lugar que encandila al visitante con ese ambiente especial creado por sus moradores. Por todo ello y por mucho más, es popular el arrabal trianero. Pero, ¿conocen sus habitantes realmente de dónde viene el nombre de Triana?

Son varias las versiones y teorías sobre el origen de su nombre, pero alguna de ellas gana más peso por la ineludible historia y sus vestigios. «Opino con Ortiz de Zúñiga que el nombre de Triana viene de Trajano y de la cercana Itálica. Hay otras versiones, como Trans amnem, «lo que está más allá de río» en latín (Trasntíbere: Trastevere romano). También está la teoría de los tres brazos del río, pero es la menos probable (Tria -tres- anna -ríos- en una mezcla de lenguas). Los árabes la llamaban acomúnmente Atrayana Triana es Trajanao Athriana que nos lleva al principio, a ese Traiana o Trajana que puede leerse en viejos grabados sevillanos», apunta el historiador y escritor trianero Ángel Vela. Precisamente, este estudioso en la materia reproduce uno de esos grabados en su libro «Triana y su Velá», en el que se lee claramente «Trajana o Traiana».

Por ello, Vela asegura que «el nombre de Triana cae sencillamente por el peso que tiene lo señalado en imágenes antiguas a la altura del Altozano». Un grabado aclaratorio que desbanca con creces la teoría de los tres ríos «que queda demasiado lejos en el tiempo». Así, según afirma el historiador, Triana conserva su nombre actual desde la conquista. «Nunca aparecieron restos romanos bajo el suelo de Triana, salvo los acarreados por los árabes de Itálica o de la otra orilla. Es poco probable que existiera núcleo vecinal en la época de los godos; lo lógico es que empezara a formarse tras la construcción del Castillo y el puente de barcas, en el siglo XII. Hay noticias fehacientes del arrabal trianero en esa época», añade.

La opinión en la calle

La pregunta en las calles del arrabal es toda una incógnita. La mayoría de los viandantes encuestados desconocen el origen del nombre de Triana. Ni rastro de algún dato que aclare la etimología de la palabra. Por unos minutos, Triana es la gran desconocida. «No tengo ni idea. Quizás sea porque una gitana que bailaba muy bien diría: ¡Olé Triana!», apunta con gracia y desparpajo Juan José.

A Antonio, por su parte, se le ocurre vincularla a la época de los árabes. Pero quien realmente esclarece que Triana viene de Trajano y de Itálica es, curiosamente, un residente en la zona natural de La Campana. Manuel Velarde, dueño de la conocida calentería Velarde y Borromeo en la calle Leiría, muestra sus conocimientos tras haber bebido la historia del barrio a través de los libros. «Esa es la conclusión a la que han llegado muchos escritores. El nombre viene de Trajano, que nació en Santiponce. También hubo una época en la que se la conoció como la Puebla de Triana», apunta. Cree que el desconocimiento del origen del nombre es habitual entre los residentes del arrabal. «Mucha gente de Triana sabe poco de Triana», sentencia.

Todas las pruebas y estudios apuntan, pues, a Trajano. Incluso el grabado de 1617 que ilustra este reportaje, muestra al antiguo puente de barcas como «Puente de Trajano». Triana, por tanto, viene de Trajana. Una Traiana o Trajana tan popular que, a su vez, se presenta como la gran desconocida. Un lugar en un arrabal de cuyo nombre ya es imposible olvidarse.