Dicen que a la tercera va la vencida. Tal vez sea ese el mejor adjetivo para describir esta remesa de recuerdos de la Expo 92, en la que la mayoría de los enclaves no pasan por su mejor momento de conservación, han conocido el abandono tiempo atrás o, directamente, han desaparecido.

No debe tomarse como una «derrota», pues más allá del afán conservacionista cabe recordar que en la Isla de la Cartuja trabajan diariamente 2.000 doctores y que en ella se dan cita empresas investigadoras de la talla del Cabimer (Centro Andaluz de Biología Molecular y Medicina), el CNA (Centro Nacional de Aceleradores) o el CSIC (Centro Superior de Investigaciones Científcas).

L… de Lago de España

Antes y después del Canal de Los Descubrimientos, que conectaba el Lago de España con el río Guadalquivir / Archivo - F. Piñero

Antes y después del Canal de Los Descubrimientos, que conectaba el Lago de España con el río Guadalquivir / Archivo – F. Piñero

Fue el eje de la Expo 92. A su orilla se levantaba el pabellón anfitrión, el de España, y el andaluz, así como el resto de construcciones autonómicas, hoy desaparecidas, y Plaza de América.

Sus 145.000 metros cuadrados de superficie supusieron el 72.5% del total de láminas de agua que presentó el recinto, y, al mismo tiempo, rompían la linealidad de la cuadrícula organizativa del terreno.

Antológico fue el espectáculo nocturno, la sevillana proyección sobre ráfaga de agua y aderezo láser y pirotécnico (que tuvo su precedente en la presentación de la mascota Curro en la Plaza de España), broche de la oferta de ocio que se celebraba asiduamente a lo largo del Paseo del Lago.

Contó con una profundidad media de 1,4 metros, suficientes para garantizar la oxigenación de un agua que «desembocaba» en el río, tras el paso de una esclusa que salvaba los casi 4 metros de diferencia de altura.

Lo hacía a través del Canal de los Descubrimientos, bulevar de restauración y descanso de 870 metros de longitud cuya única semblanza con el Guadalquivir en la actualidad es el verdor de las hierbas que crecen sobre su cauce.

Con la llegada de Isla Mágica, si bien no desapareció completamente, el Lago se vió ampliamente mermado. Por ejemplo, en la comunicación con el canal. Curiosamente, el vínculo con la Sevilla de Indias persiste. En la tematización de la zona del parque de atracciones que se asienta, justo, sobre el Paseo del Lago.

M… de Maquetas (Andalucía de los Niños)

El estado de conservación de las maquetas de Andalucía de los Niños es patente en la foto derechaa / Archivo - Juan Flores

El estado de conservación de las maquetas de Andalucía de los Niños es patente en la foto derechaa / Archivo – Juan Flores

Durante la Exposición Universal formó parte del Pabellón de Andalucía, pero su disposición, al margen del edificio, y su emblemática propuesta le convirtieron prácticamente en una atracción «per sé», con más de un millón de visitas.

Se trata de Andalucía de los niños, el parque de maquetas, a escala 1:33, que Ignacio Aguilar García desarrolló como representación de la Comunidad Autónoma, «para enseñar jugando la región». 72 «edificios» lo compusieron. De Sevilla, por ejemplo, estaba la Catedral y la Giralda, la Torre del Oro y la Plaza de la Maestranza, el puente de Alfonso XIII y las murallas y el Arco de la Macarena, entre otros. Incluso había guiños a Écija, Santiponce (Itálica) y Marchena, de donde procedía el autor.

El conjunto, de 10.000 metros cuadrados, se mantuvo durante el Parque de los Descubrimientos del 93, y años más tarde, fue integrado en Isla Mágica, rebautizado como «Balcón de Andalucía», hasta 2011.

Desde entonces, el abandono. Literal y visible, con queja de Adepa incluida. Hasta el punto de que, en 2013, la Consejería de Hacienda planteó un concurso público que quedó desierto. Este verano se produjo una tentativa de recuperación, que de momento no ha fructificado.

El Ayuntamiento de Sevilla prometía hacerse cargo «inmediatamente», de la rehabilitación y gestión, si la Junta de Andalucía, actual propietaria, le cedía la titularidad. Por otra parte, la empresa Catalunya en Miniatura, lo explotaría si el ente autonómico rehabilita previamente este parque que costó 900 millones de pesetas.

N… de Navegación

Oculto entre la vegetación, y a la sombra de la Torre Pelli, se encuentra el Pabellón de la Navegación / Archivo - Fran Piñero

Oculto entre la vegetación, y a la sombra de la Torre Pelli, se encuentra el Pabellón de la Navegación / Archivo – Fran Piñero

De lo expositivo, a lo empresarial y formativo. La conversión fue clara, la Expo terminó convirtiéndose en Parque Científico y Tecnológico Cartuja y lo museístico quedó relegado de la «ciudad del 92».

Salvo por contadas excepciones. Una breve fue el Pabellón de la Energía Viva (Hungría). Otras puntuales se vivieron en el Pabellón del Futuro. Una con más entidad es la de La Navegación, desde 2012.

Con una fórmula que también apuesta por lo congresual, el edificio que diseñara Vázquez Consuegra para la muestra internacional reabría sus puertas completamente renovado en su interior, especialmente en el aspecto dotacional. Diversas crecidas del Guadalquivir fueron algunas de las causas.

Ya en el año 2000, el propio arquitecto definió como «dramático el progresivo deterioro del pabellón, que supuso una gran inversión de fondos públicos», y expresaba su «frustración absoluta» con que una ciudad con el pasado de Sevilla «no tuviera un museo de la Navegación».

Una exposición permanente ha hecho realidad los deseos de Vázquez Consuegra. Además, el espacio se completa con otras zonas que acogen muestras temporales, completando su oferta divulgativa, ensombrecida por el caótico aspecto que le confieren a la zona las obras de la Torre Pelli.

También se recuperó el uso de la antigua Torre Schindler, mirador de la Sevilla ribereña, y que en el 92 fue vigía «de excepción» de las embarcaciones internacionales que se amarraron al muelle de la Navegación, con especial recuerdo de la réplica de la Nao Victoria.

Ñ… de España

El Pabellón de España visto desde la entonces avenida de Europa, hoy Isaac Newton / Archivo - F. Piñero

El Pabellón de España visto desde la entonces avenida de Europa, hoy Isaac Newton / Archivo – F. Piñero

Permitan esta licencia. Es lo único castizo aplicable a un pabellón de corte racionalista que, coronando la parte central del Lago, parecía emerger de él, en un conjunto de volúmenes geométricos, de cal y mármol blancos, tan sólo contrastados con la cúpula de cobre de 25 metros de diámetro.

Julio Cano Lasso, arquitecto madrileño caracterizado por una obra austera, principalmente residencial, y de gran mímesis con el entorno, rompió sus esquemas a lo largo de esta construcción de 20.878 metros cuadrados construidos.

En su interior, una gran pinacoteca con obras de Velázquez, Murillo, Berruguete, El Greco, Goya, Fortuny, Dalí o Picasso, entre otros. Pero también una exposición sobre el papel español en América y el Movimax, cine de pantalla envolvente con asientos móviles, y mucho contenido multimedia.

El edificio llegaba a la muestra con polémica, pues el autor vio rescindido su contrato, «por su visión más elitista del pabellón». Así justificaron desde Expo 92 esta salida, que rebatieron ciertos arquitectos.

Fuentes oficiales añadieron que Cano Lasso «no entendía» el auge de lo audiovisual ni los elevados aforos que se preveían para el pabellón, que en 2015 se mantiene como sede empresarial de Isla Mágica.

O… de Origami

El Pabellón de Japón, mayor edificio de madera del mundo hasta 1992, se convirtió en un solar no reutilizado / Archivo - F. Piñero

El Pabellón de Japón, mayor edificio de madera del mundo hasta 1992, se convirtió en un solar no reutilizado / Archivo – F. Piñero

Sevilla contó en el año 92 con el mayor edificio de madera construido del mundo, con 4 plantas, 25 metros de altura y 5.660 metros cuadrados. Se trataba del Pabellón de Japón, obra de Tadao Ando, Premio Pritzker en 1995, un arquitecto que suele emplear el hormigón liso como material de construcción, moderno, en contraposición con la filosofía tradicional nipona que inundan sus trabajos.

Para la Expo 92, y su primera creación fuera de sus fronteras natales, empleó la madera, como señalamos. De Iroko (África), y de Canadá. Así gestó un monumental «contenedor» que hablaba de la historia y el presente de Japón, con espectáculos en su teatro giratorio, contenidos multimedia y la reproducción de algunas estancias del Castillo-fortaleza Azuchi.

Pero lo que más se recuerda fue su extensa muestra de Origami, papiroflexia en castellano, fiel reflejo del frágil devenir del pabellón. Desde Expo 92 se recrodaba la exhaustiva organización de Japón, siempre en plazo y según lo previsto. Tanto para el inicio como para el final.

El carácter efímero del pabellón, cuyo mantenimiento hubiera sido de lo más elevado, no se perdió de vista en ningún momento, lo que llevó a desmontarlo poco tiempo después de la clausura.