Su nombre está indiscutiblemente ligado al río Guadalquivir, del que toma su nomenclatura latina. La calle Betis es una de las vías más populares no sólo del arrabal trianero sino también de la ciudad de Sevilla. Un paseo que discurre junto a la vía fluvial hispalense y que también la literatura ha encumbrado a la fama. En estos días esta vía se convierte en protagonista y epicentro de la Velá de Triana al albergar las más de 20 casetas donde se celebrará a partir del 21 de julio la fiesta grande del arrabal.

Sin embargo, su popularidad le precede y le ha valido un destacado lugar en célebres novelas, una calle de arte y picaresca, una vía entre realidad y ficción. Entre ellas, Rinconete y Cortadillo de Miguel de Cervantes. En este enclave, en su confluencia con la calle Troya, sitúa el escritor su patio de Monipodio de este retrato picaresco, y así lo atestigua un azulejo cervantino. Y es que desde la época del Descubrimiento, y como consecuencia de ser centro de actividades industriales y marítimas, se convirtió también en una zona de pícaros. Asimismo, también ha sido escenario literario de la cigarrera más internacional: Carmen. El autor, Prosper Mérimée, sitúa la residencia de esta famosa gitana en la calle Betis en el siglo XIX.

La calle Betis, de Rinconete y Cortadillo a Carmen de Mérimée

La cofradía de La O en 1887.

Un escenario marinero

Desde la Plaza del Altozano hasta la Plaza de Cuba, Betis parece inagotable, como el Guadalquivir que constantemente la circunda en una de sus aceras. Hasta su actual denominación, esta calle siempre ha estado apellidada por el mismo río que la abraza de forma paralela. En 1433 era nombrada como la calle del Río, para pasar a ser un siglo más tarde Vera del Río. Sería en 1691 cuando se identifica como Orilla del Río y en 1821 como Acera del Río, hasta que en el año 1859 adquirió su actual nomenclatura.

Asimismo, distintos puntos de esta vía tuvieron nombres específicos y peculiares como el sitio del Tacón -frente a la actual Duarte-; sitio de la Escalerilla que permitía la bajada al río; el Jardinillo; sitio de la Falúa -frente a la actual Gonzalo Segovia- y que era lugar de amarre de embarcaciones; o sitio de las Bandurrias, junto al convento de Los Remedios.

Quizás es el escenario más marinero de la ciudad que alberga, además, importantes edificaciones. Antiguas casas, algunas con llamativos colores en sus fachadas -extendido en otras zonas portuarias- que aportan un toque singular y una característica estampa. Entre ellas destaca la Casa de las Columnas -actual Centro Cívico de Triana-, y antigua Universidad de Mareantes. Del siglo XVI fue el convento del Espíritu Santo, en cuyo solar se edificó a mediados del siglo XIX el actual colegio de Cristo Rey. Y para quienes deseen pasear a nivel del río, en su primera mitad dos escaleras permiten descender hasta el mismo Guadalquivir.

También fue muy conocido el quiosco de Noé, situado donde hoy se encuentra la comisaría de Policía. Aunque esta vía no ha estado exenta de sucesos, ya que cerca del Puerto Camaronero existían los molinos de pólvora, en los que se produjeron varias explosiones, la más importante en 1850.

Betis, en la actualidad

Hoy día, la calle Betis es lugar de encuentro de muchos turistas y una de las calles más visitadas y concurridas de Triana. A partir de la década de los 70 aproximadamente han ido asentándose en este lugar numerosos bares y restaurantes que hoy día atraen a un gran público dotando a este lugar de un carácter heterogéneo. Frente a un marco incomparable, desde estas terrazas a orillas del Guadalquivir se divisan el Puente de Triana, la Torre del Oro e incluso la Giralda.

La calle Betis, de Rinconete y Cortadillo a Carmen de Mérimée

La Velá de Triana.

Asimismo, es el emplazamiento de la fiesta por excelencia de todo un barrio, y de las más importantes de la ciudad: la Velá de Santa Ana. Cada mes de julio, acoge esta festividad declarada como Bien Cultural de Andalucía, y por su calle discurren casi una treintena de casetas, calesitas y puestos de productos tradicionales. Una de las citas ineludibles es la cucaña, que congrega a cientos de personas a la altura de la primera zapata.

La picaresca, el mar, la fiesta de Santa Ana, hacen de este enclave un lugar único. Un emplazamiento con historia que sigue siendo uno de los ejes principales de la ciudad. La calle Betis sigue conservando la esencia marítima, porque su nombre y sus memorias no se entienden sin ese «Betis» que la envuelve y la refleja, ese Guadalquivir que la civilización árabe denominó como «Río Grande».

Fuente: Diccionario Histórico de las calles de Sevilla.