Las industrias en Triana fueron muy significativas. Desde la aeronáutica, el barro, la pesquera, la pólvora hasta el bizcocho, estas actividades han estado unidas al arrabal casi de forma indisoluble. Influyentes fábricas y oficios que hoy perduran en la historia y en el recuerdo. Entre ellos, cabe destacar quizás uno poco conocido pero no por ello menos crucial: las almonas de Triana, fábricas de jabones que traspasaban fronteras llegando a exportarse a tierras americanas.

«Durante más de 4 siglos, en las Reales Almonas de la trianera calle Castilla, se estuvo fabricando jabón con la denominación comercial de «Castilla». Este jabón llegó a superar en calidad y cantidad al de las mejores factorías europeas», apunta el trianero José Luis Jiménez en Triana en la red. Desde el siglo XVI y durante 500 años, esta industria propagó el nombre del arrabal por todo el mundo. «Las materias primas básicas para la fabricación del jabón son la grasa, que se obtenía a partir del aceite de oliva y la sosa o potasa, que se obtenían a partir de las cenizas procedentes de la quema de hierba denominada barrilla, muy abundantes en las marismas del Guadalquivir», explica Jiménez.

Añade Esteban Hernández en su libro «Triana en la memoria» que «se usaban doce calderas, cada una de las cuales tenía cabida para más de ochocientas arrobas -una unidad equivale a 11,502 kilogramos de peso- de aceite sin contar las cantidades de cal, lejías, cenizas y otros ingredientes que precisaban para la elaboración del jabón. Había otra sala dedicada a los hornos de secado, otro para la limpieza y el enjuague del jabón, otras salas dedicadas al almacenamiento de las materias primas incluidas las alcaparras, las agallas y las cestas de mimbre, que hacían en la Algaba, para colocar el jabón elaborado».

Las almonas de Triana, el famoso jabón que se extendió por el mundoY es que, además, según detalla Hernández, era tan prestigiosa porque «sólo existían dos fábricas autorizadas en todo el arzobispado de Sevilla-Cádiz. Una ubicada en la collación del Salvador y dedicada a la fabricación de jabón prieto y la de Triana dedicada a fabricar jabones blancos, finos y de olor».

Éxito internacional

América, Inglaterra y Flandes eran los principales destinos internacionales de este producto «made in Triana». Un género que alcanzó gran relevancia y prestigio dentro y fuera de nuestras fronteras. Tal era la importancia económica de las almonas, «que los reyes consideraban tan importantes estas industrias que al dejar de administrarlas personalmente y transformarlas en concesiones, procuraban que recayesen en familias que no estuviesen distanciadas de la corona: el infante D. Juan, D. Álvaro de Luna o el almirante D. Alfonso Enríquez» entre otros, sostiene Hernández.

Los frailes de San Jerónimo fueron sus competidores más cercanos, «pues los frailes del cercano convento se dedicaron a la fabricación, creando competencia al venderlos más baratos», prosigue. La decadencia de las archiconocidas almonas comienza en el siglo XVIII.

Como esperanza para muchos, para que este importante sector no caiga en el olvido, el pleno del Distrito Triana de abril de 2014 aprobó, a petición de la Asociación de Vecinos Triana Norte, que esté presente en el nomenclátor sevillano. El arco junto a la parroquia de La O y algunos restos en los bajos de los edificios en el Paseo de la O son los vestigios que permanecen en el arrabal del famoso «jabón sevillano». En el número 24 de la calle Castilla, una placa recuerda también esta industria que tan vital e importante fue para Triana.

Fotografías: imágenes publicadas en «Triana en la memoria. 1940-1960»