La Triana más espiritual es la que se ordena en torno a su parroquia de Santa Ana. El conjunto de calles que linda con el histórico templo destaca por ser un perfecto resumen del barrio, y de la propia Sevilla.

Entre los cuajados naranjos, la tipología de las viviendas y los ritos que se desarrollan por este espacio, los alrededores de Santa Ana tienen una solera especial. Máxime en el caso de Vázquez de Leca.

Es ésta la siguiente protagonista de la serie de calles que rinden homenaje a un personaje ilustre. En este caso a dos, pues Mateo Vázquez de Leca se llamó el tío y el sobrino, ambos canónigos de la Catedral de Sevilla y arcedianos de Carmona.

Religión y poder

El origen de esta historia se sitúa en el siglo XVI, cuando nace el primero de ellos. Se tiene clara su fecha de nacimiento (1542), pero no el lugar, que pudo ser Sevilla, pero también Argel o Córcega.

En cualquier caso Mateo llegó al seno de una familia privilegiada, por ejemplo por sus contactos en la capital hispalense. Así, el joven fue pronto considerado el «protegido» del canónigo sevillano Diego Vázquez de Alderete, del que le llega su primer apellido pese a no ser familia.

Enseguida conoció los entresijos de la pujante Casa de la Contratación, al ser secretario del presidente de la institución, el cardenal Espinosa (aún por ser designado), y los del propio Estado español, al depositar el propio Felipe II en él toda la confianza. Y una Secretaría Real.

La Esperanza de Triana avanza por una tenue Vázquez de Leca en el regreso de su anual traslado a Santa Ana / Raúl Díaz

La Esperanza de Triana avanza por una tenue Vázquez de Leca en el regreso de su anual traslado a Santa Ana / Raúl Díaz

Con la popularidad y riqueza de Vázquez de Leca en alza, su sobrino, también vinculado con la religión, vivía en Sevilla una vida no exenta de fanfarronería, que se vio reforzada con su muerte a causa de la gota en 1591 y el traspaso inmediato de todos sus títulos y funciones por el vínculo de la sangre.

Si el tío hizo grandes avances en materia política y de gestión, el cenit del sobrino llegó por lo espiritual.

Tras un encuentro con la «muerte en persona» en la capilla de la Virgen de Los Reyes, según cuenta la leyenda, Mateo cambió radicalmente su personalidad, dejando atrás su estilo petulante por uno más austero.

A él se debe, junto a otros defensores como Miguel Cid, la influencia del Dogma Concepcionista y, más localmente, una de las principales tradiciones de Sevilla: los Seises.

Lo que Sevilla recibió

Aunque existieron tiempo atrás, pues él mismo lo había sido en su infancia, no fue hasta 1613 cuando se les uniforma con el traje que nos ha legado y bailan bajo el presbiterio catedralicio en el Corpus Christi.

El Cristo de La Clemencia o de «Los cálices», de M. Montañés

El Cristo de La Clemencia o de «Los cálices», de M. Montañés

Para acrecentar el enigma, y teniendo en cuenta los cinco siglos transcurridos, apenas hay retratos del sacerdote, como si ese ostracismo gráfico reforzara su místico cambio de vida.

Una de las pocas pinturas que recogen su rostro es el lienzo manierista de 1621, y obra de Francisco Pacheco, titulado, precisamente, «Inmaculada con Vázquez de Leca».

En él, el religioso aparece en la esquina inferior izquierda, a los pies de la Virgen María, un cielo de querubines y el Guadalquivir que fluye con la Catedral y la Giralda en último término.

Un extracto de ese cuadro es la imagen que abre este reportaje (junto a una fotografía de José María González-Nandín y Paúl), aunque es posible confundirlo con otra obra, del mismo autor, prácticamente una réplica solo que con el poeta Cid en el lugar de Vázquez de Leca.

Sevilla también «le debe» la talla del portentoso Cristo de La Clemencia, venerado ahora en la Catedral pese a ser creado para el Monasterio de La Cartuja, por ser el canónigo quien encargó la talla a Martínez Montañés en 1602.

Por todo, el Ayuntamiento hispalense decidió en 1859 rotular con su nombre la que desde el siglo XIII se había llamado «la calle del lado de Santa Ana». En honor del Vázquez de Leca más «reciente», pero igualmente aplicable a aquel que, desde Sevilla, logró llegar al corazón de la Corte española.