El sueño de un «templo» cerámico en pleno arrabal se materializaba este martes con la inauguración del museo de la Cerámica de Triana. Aquí se descubren los entresijos de este arte milenario, el legado de artesanos que hacen del visitante un testigo excepcional de un oficio emblemático en el arrabal. Un lugar que atesora elementos originales, en un recorrido que se antoja admirable para los sentidos. Una muestra que confirma la relación inquebrantable entre Triana y la cerámica.

Si nos remontamos al pasado, a la emersión de la cerámica en este barrio, expertos como el ceramista y doctor en Bellas Artes Alfonso Orce apuntan que es una incógnita precisar el momento exacto de sus inicios. «Probablemente desde los primeros vestigios de poblamiento humano en Sevilla. Todas las culturas que pasaron por la antigua Híspalis dejaron muestra de su arte cerámico a través de multitud de testimonios. Toda la Vega y las primeras estribaciones del cercano Aljarafe fueron históricas canteras donde se nutrían los alfares trianeros, favorecidos por el asentamiento geográfico y geológico a orillas del río Guadalquivir», sostiene Orce.

Una tradición alfarera que gracias a este nuevo centro de Cerámica Triana queda patente no sólo mediante joyas inéditas, como los hornos o depósitos de arcilla, sino también mediante paneles informativos que repasan su evolución histórica desde el siglo XII.

«A partir de la invasión musulmana deTriana y la cerámica, una relación inquebrantable España en el siglo VIII, es cuando tomará un nuevo camino el arte en general, y la cerámica vidriada en particular, con la aportación de nuevos procedimientos y métodos de elaboración», añade. «El estilo mudéjar propiciará un nuevo florecimiento de la cerámica, gracias al mantenimiento de las técnicas heredadas del periodo hispanomusulmán, destacando el empleo de reflejos, del alicatado, de la cuerda seca, azulejos de cuenca, de relieve, etc.», prosigue el ceramista.

Asismimo, coincidiendo con el renacimiento, «las labores trianeras se extenderán por toda la Península Ibérica», llegando incluso hasta América. Los paños zócalos y retablos devocionales reconocidos ya en el XVIII «fueron realizados por la maestría de grandes artistas que crearon toda una escuela de pintura cerámica sevillana».

El resurgimiento

Según explica Orce, fue en el último tercio del siglo XIX cuando se vive un nuevo resurgimiento de este arte. «Gracias a industriales emprendedores. Detrás de este movimiento encontramos eruditos que se apasionaron por la cerámica como José Gestoso Pérez».

El momento de mayor expansión de la cerámica trianera llegaría con la Exposición Iberoamericana de 1929. «Los ceramistas pasaron a tener un poder político y de representación del barrio, como son el caso de Manuel Arellano, José Mensaque, Manuel Rodríguez, Manuel Carriedo y el último apoyado por los ceramistas AlfTriana y la cerámica, una relación inquebrantableonso Jaramillo, todos concejales en el Ayuntamiento de Sevilla», detalla Orce.

El declive

El inicio del declive de las importantes industrias alfareras llegaría tras la Guerra Civil Española. Sin embargo, «sobrevivieron algunos talleres. Empresas como las fábricas de Ramos Rejano y Vadillo Plata (heredera de José Mensaque y Vera) cerró en torno a año 1968, la fábrica de Pedro Navia en 1975 y la fábrica de Mensaque y Rodríguez y CIA se finiquita a mediados de la década del 2000».

Y en los últimos años, otro histórico taller como el de Montalván también cerró sus puertas. Aún así, el recién inaugurado Museo de la Cerámica es una oportunidad para salvaguardar el recuerdo del oficio, un impulso turístico que afianzará aún más esa relación inquebrantable entre Triana y la cerámica.