Triana vivió en los años previos a la Exposición Universal de 1992 una profunda renovación. La cercanía con el recinto de la muestra hizo que el barrio se viese envuelto en obras de diversa entidad, de la creación de nuevas y necesarias zonas verdes a la rehabilitación de la Casa Mensaque y de las Columnas, la remodelación del Mercado de Triana o la creación de gran avenida con la que vertebrar la zona: la Ronda Intermedia de Triana.

Ronda de Triana

Tal fue la cantidad de cambios que sufriría Triana en los prolegómenos de la Expo 92 que el 22 de diciembre de 1989 se inauguró en la Casa de los Mensaque una muestra llamada «Triana, obras y proyectos», con el fin de informar a los vecinos de la repercusión que tendría la Muestra universal, y su correspondiente PGOU, en el arrabal. Allí acudieron una media de mil personas por día, obligando a las autoridades a ampliar el plazo de visita.

Entre muchos proyectos, llamaba especialmente la atención la maqueta del edificio Torre Triana del afamado arquitecto Sáinz de Oiza, autor de las singularísimas Torres Blancas de Madrid; o la reproducción a escala del remodelado Mercado de Triana. Sin embargo, muchos vecinos de Triana acudían a la exposición para conocer de primera mano cómo les afectaría la construcción de la Ronda Intermedia de Triana, que significaría la prolongación de la calle López de Gómara, cuya ejecución afectó a un grupo de vecinos del Turruñuelo, sobre los que pendía el aviso de expropiación de sus viviendas y el posterior realojo.

Precisamente la expropiación de una serie de viviendas supuso el retraso en la finalización de unas obras que se repartieron entre 1991 y 1992. El final, provisional a falta de resolver la construcción de apenas 50 metros en la zona comprendida entre Manuel Arellano y San Vicente de Paul, llegó el 24 de abril de 1992, cuatro días después de la inauguración de la Expo 92.

Roda de TrianaAsí las cosas, Triana quedaba conectada con el vecino distrito de Los Remedios, La Cartuja y con los accesos y salidas a Extremadura y Huelva. Algo que se conseguía gracias a algo más de dos kilómetros que costaron unos 500 millones de pesetas. Las obras se dividieron por tramos, de San Jacinto a San Vicente de Paul, de ahí hasta Manuel Arellano y de nuevo hasta la calle Tejares y, por último desde este punto hasta Chapina.

«Estas obras -defendían desde la Gerencia de Urbanismo al inicio de las mismas- permite reestructurar un amplio sector de Triana, mejorando su relación con el resto de la ciudad». El resultado, cuatro carriles, dos por sentido, amplias aceras y aparcamientos. Y, sobre todo, «nuevos espacios públicos, equipamientos sociales y nuevas viviendas» que lograron «la cohesión general entre sectores del barrio hasta entonces fragmentados».