Es uno de los lugares por excelencia donde degustar tan preciado molusco. Aquí, desde mayo a julio, no cabe un alfiler. En escasos metros cuadrados, hay que hacerse un hueco en la barra para alcanzar el manjar más demandado en estas fechas: los caracoles. Desde que se inaugurara en 1975, la clientela en Cervecería Casa Diego es fiel cada día y se han convertido ya en «parte de la familia», asegura Antonio, que regenta este local junto a su hermano Diego. Su padre, Diego, fue el fundador, quien ha legado a sus hijos este negocio que cada día despacha entre 100 y 120 kilos de caracoles. Su popularidad ya es archiconocida y este local forma parte ineludible de toda ruta caracolera. El boca a boca los ha catapultado a la fama, y cada día, este pequeño local y sus veladores se llenan de clientes que consumen los famosos caracoles a golpe de palillos y sorbos.

En estos casi 40 años, la receta para elaborar el plato estrella se ha mantenido intacta. El secreto, aseguran, es «lavarlos muy bien». Después, prepararlos con los ingredientes de siempre que aportan el sabor especial a esta singular vianda. El olor inconfundible que desprenden las ollas repletas de caracoles es la antesala a su exquisita degustación. En tapas o raciones, o en tarrinas de plástico para llevar, se puede disfrutar de este plato en esta época, ya que la temporada termina a finales de junio o a principios de julio. Y durante todo el año, también para los nostálgicos, están las cabrillas, elaboradas con una salsa casera que tampoco deja indiferente.

Pero este bar de tapas, especializado en caracoles, cuenta además con una variedad de montaditos, como el de salmón con roquefort, chorizo picante, melva con pimiento o pringá. El más recomendado: montadito de gambas con alioli. «La salsa es casera, muy buena, y los clientes lo piden mucho», explican los dueños. También un surtido de mariscos como gambas, cañaillas, nécoras o patas, entre otros, aportan aún más sabor a la carta. Una carta que mantiene vivo uno de los platos más arraigados y tradicionales en el barrio: los caracoles.