Es uno de los comercios más populares del barrio y, sin duda, con más solera. Hasta hace escasos meses, mantenía la esencia de las barberías de antaño. Y aunque conservan su idiosincrasia, la denominada Peluquería Antonio & Manolo es, desde el pasado mes de enero, un renovado local bajo el nombre de Peluqueros Ruiz & González. Tras quince años en Triana, han reformado este lugar señero en el arrabal, aunque aún conservan algunos utensilios convertidos en auténticas reliquias que en breve volverán a exponer en el escaparate.

Antonio y Manolo iniciaron este negocio tras una larga trayectoria en el oficio. Procedentes de Gelves, eran de los pocos barberos que perduraban en el barrio. Manolo, tras más de 50 años trabajando en Triana y que fundó este negocio junto a su cuñado Antonio, se ha jubilado recientemente. Ahora es Javier, su hijo, quien toma el relevo en las tijeras, aunque ya se dedicaba al negocio familiar desde el año 2001. «Mi padre se ha retirado pero de vez en cuando mata el gusanillo cortando el pelo a algún familiar o amigo en el pueblo. Ahora hemos reformado el local, nos hemos actualizado para renovarnos, aunque mantenemos nuestra línea y forma de trabajar», explica Javier. Lo tradicional se fusiona con lo moderno en esta peluquería de caballeros ubicada en la calle Esperanza de Triana número 6.

Un lugar donde el ambiente y la afabilidad con la que departen sus dueños lo dotan de una personalidad singular. «Todavía vienen algunos clientes para ser afeitados, pero son pocos. Somos más de Triana que de Gelves, pasamos aquí todo el día, y llevamos toda la vida trabajando en el barrio y nos conoce La Peluquería Ruiz y González está ubicada en la calle Esperanza de Trianamucha gente», afirman. Tanto es así, que aseguran que ya cortan el pelo a la tercera generación de sus clientes.

Se deshacen en halagos hacia el barrio y la gente que les ha visto profesionalmente crecer. Antonio, que lleva en Triana casi 40 años, explica la similitud que tiene Triana con un pueblo, y añade que la gente es muy sana y natural. Se formó también desde muy joven, con 14 años, en el arrabal. «Al principio, como aprendiz, barría también los pelos y me daban propinas, y practicaba con algunos clientes para aprender», explica al tiempo que reconoce, entre risas, que «a más de uno le di un tajo».

Sus clientes vienen de otras zonas de Sevilla, e incluso de pueblos de la provincia. De su trabajo, les gusta todo. No hay más que verles y oírles para percibir que les encanta la profesión. Explican detalladamente cómo se preparaban las navajas de antaño para afeitar, «asentando el filo», mientras que ahora funcionan a base de cuchillas desechables.

Tienen como premisa la flexibilidad de horario, por ello son muchas las horas que pasan en este negocio familiar para atender de la mejor y más eficaz forma posible a todos los clientes. «A nuestro pueblo vamos prácticamente sólo para dormir, aunque cerramos a mediodía, muchas veces comemos en el barrio para continuar trabajando por la tarde», comenta Antonio.

Aún así, hacen el trabajo ameno. Sólo desean que el negocio continúe. Para ello, la segunda generación ya está presente con Javier, hijo de Manolo, y Antonio ya piensa en que también su sucesor tome el relevo para que perdure en el tiempo esta singular barbería trianera.