Pocos son los que a esta altura de la crisis desconocen el significado del término anglosajón coworking. La traducción es algo como un espacio en el que conviven diferentes emprendedores con el fin de abaratar costes fijos y hacer más rentable su trabajo. En Tejares 11, situado en Triana, han dado un paso adelante creando una versión de esta idea de negocio pero pensada para los artesanos. De carpinteros a arquitectos, informáticos o titiriteros. A todos los une un perfil eminentemente creativo.

La idea nació de cinco socios, de una media de 40 años, de diferentes disciplinas pero con un objetivo común: aunar esfuerzos. Todo comienza en unas jornadas de la Red de Economía Alternativa y Solidaria (REAS) en Sevilla donde Antonio Pérez, arquitecto de Planeta Adriel, conoce a Roberto Higuera, carpintero. Pronto descubrieron que los proyectos que ambos tenían en mente podía complementarse y enriquecerse y decidieron quedar periódicamente para  poner en común ideas. En esas entra Diego Romero, Jorge Carrillo y Enrique Castillo, estos dos últimos creadores de la empresa Museographía.

«Habría mucha más actividad si se redujesen los costes fijo. La luz, el agua, el alquiler… Solo para mantener la actividad hay que facturar una cantidad alta y ese es el motivo por el que nos juntamos, para poder ser más flexibles y poder amortiguar las caídas de ingresos puntuales», explica el arquitecto. Así nace un taller de carpintería con un toque de distinción que pone en valor un marcado acento de artesanía.

«La idea de complementa abriendo el taller a la gente de fuera, por eso nos constituimos como cooperativa de servicios, tanto para el espacio de coworking como para el taller», explica Antonio. Una decisión que «podría enriquecer el proyecto, por las distintas sinergías que se pudieran producir y que pudieran compartirse recursos», completa Jorge.

«Que necesitas cortar una madera para tu casa, solo tendrías que venir aquí. Nosotros te asesoraríamos, te proporcionaríamos el material y podrías hacer tu mueble a medida», explica Jorge. «Vamos a tener bonos, de diez horas, semanales o mensuales para atender a desde el usuario amateur como al profesional», apostilla Antonio. «Pero nos adaptamos en función de las necesidades», añade.

De informático a un titiritero, «buscamos un perfil eminentemente creativo o que trabaje de forma creativa, porque el espacio se presta a ello», explica Antonio. «Nos encajaría cualquier actividad», afirma Jorge.

Tejares 11

El espacio, una antigua nave que en tiempos fue una cochera militar, donde se arreglaban tanques, del Ministerio de Defensa de Tablada que ha sido campo de fútbol sala y que en Triana «se ha conocido como el Tejar del Moro o del Turuñuelo». Unos casi 700 metros cuadrados, «una superficie muy por encima de lo que inicialmente nos planteamos».

Un concepto alternativo, una financiación alternativa

Un grupo de inversores privados con un tipo de interés «cero». A la aportación inicial de cada uno de los socios se le suma una cooperativa que financia una parte del proyecto. Si bien el tipo de interés ronda el ocho por ciento, los inversores no reciben el interés generado, que va a una hucha común para financiar otros proyectos «colectivos, que reporten valor en la sociedad y generen empleo», concluye Antonio.