La presente ola de frío y los cielos plomizos invernales consiguen que Sevilla muestre su cara más melancólica. Un paseo por el Parque de María Luisa o una visión del Guadalquivir en estos días son buenos ejemplos.

Pero el mejor, sin duda, se encuentra precisamente cruzando el río. Ahora, y durante todo el año, la Isla de la Cartuja actúa como bulevar de la nostalgia hispalense, cuando el visitante aviva el recuerdo de lo que fue la Expo 92.

Pabellones desaparecidos, transportes que ya no están, espacios que han cambiado su fisonomía… pero también edificios que mantienen su esencia, la que fue creada para la muestra universal.

Este es un repaso, a modo de diccionario gráfico, de 27 enclaves de la Expo. 23 años después.

A… de Austria

A la izquierda, el Pabellón de Austria durante la Expo. A la derecha, un solar que deja ver el pabellón de Italia y de Hungría / Archivo-F. Piñero

A la izq, el Pabellón de Austria durante la Expo. A la dcha, el actual solar, que deja ver Italia y Hungría / Archivo- F. Piñero

Muchos sevillanos aún evocarán la característica cubierta a dos aguas del Pabellón de Austria, que se encontraba en lo que hoy es la calle Marie Curie.

El arquitecto Volker Giencke, consciente de las elevadas temperaturas del estío sevillano, planteó un edificio «oasis», que hiciera ver al país europeo por «el valor del descanso y el relax asociados a la refrescante naturaleza austriaca».

El agua se deslizaba por las planchas de 10 mm de grosor, refrescando el material, y «simulando nubes en movimiento». De ahí llegaba a estanques interiores, donde se filtraba para continuar el ciclo. Por su parte, el material de la cubierta lograba «reverberar el 85% de la luz solar», en palabras de Giencke.

El diseño y las especificaciones del pabellón le libraron inicialmente de la piqueta, cuando la empresa informática Controlbán fijó en él su sede dentro de Cartuja 93.

Sin embargo, en enero de 2007, y tras años de abandono, la construcción «inteligente», término aplicable a otros tantos pabellones, dejaba paso al solar que actualmente se mantiene.

B… de Barqueta

El entonces flamante puente de la Barqueta daba acceso a la puerta este de la Expo, una zona no especialmente cambiada / Archivo - F. Piñero

El entonces flamante puente de la Barqueta culminaba en la puerta este de la Expo, sin grandes cambios / Archivo – F. Piñero

El Puente de la Barqueta, una de las seis pasarelas que se construyeron ex profeso para la Expo 92 servía, además como su acceso Este.

Desde el punto exacto en que se tomaron las fotografías que ilustran este apartado, la visión es bien parecida: el pabellón de Andalucía, Cruzcampo, Retevisión, COI (reconvertidos en diversas entidades), así como el mural «Verbo América» (recuperado en 2011) permanecen.

La ausencia más llamativa es la de la cubierta de PVC calado, que recordará a la del extinto Palenque. Eran del mismo autor, Harold Mühlberger, que también se encargó de «aportar sombra» a la Puerta de Itálica.

A la que nos ocupa le dio el nombre de «Oleada», como el reguero de visitantes que bajo ella discurría y que daba a parar al Lago de España, hoy Isla Mágica. Como la «oleada» de vehículos que, cada día, se concentran en ese lugar en hora punta.

C… de Comunicaciones

El icónico monorrail es ya un recuerdo de los novedosos transportes que introdujo la Expo 92 / Archivo - Fran Piñero

El icónico monorrail es ya un recuerdo de los novedosos transportes que introdujo la Expo 92 / Archivo – Fran Piñero

Además de lo puramente expositivo, la Expo 92 supuso la vanguardia de los medios de transporte en Sevilla. Telecabinas, catamaranes, tren turístico, bus…

Y el icónico monorrail, que realizaba un circuito por el Camino de las Acacias (hoy Leonardo Da Vinci), la avenida 5 (Charles Darwin) y el Camino de los Descubrimientos, para circundar todo el Lago de España antes de llegar al fin del viaje. Todo por 300 de las antiguas pesetas.

A diferencia de las estaciones de telecabina, que en el tramo de Torneo alberga desde 2011 el Parque Auxiliar de Lipasam, la del monorrail ya no existe.

Se encontraba en lo que hoy es el Centro de Investigaciones Científicas Isla de la Cartuja, frente a la calle Pitágoras.

Como curiosidad, durante la Expo 92, la ciudad tuvo dos avenidas dedicadas a la planta palmera. La histórica, rotulada en 1910, y la que hoy conocemos como calle Marie Curie, entonces de Las Palmeras.

Es la que conserva la popular esfera bioclimática de Cano, Álvarez y Silva que, durante la muestra, y como se puede observar en la imagen, pulverizaba agua. Una instantánea donde se aprecia que aún se conserva el Pabellón de Canadá y el de Fujitsu, mientras que el llamativo torreón suizo ya no busca el cielo sevillano.

D… de Descubrir la diversidad (Malasia)

El Pabellón de Malaysia, exótico y efímero a partes iguales. El solar donde se levantaba, en cambio, no se altera / Archivo - F.P

El Pabellón de Malaysia, exótico y efímero a partes iguales. El solar donde se levantaba, en cambio, no se altera / Archivo – F.P

Con una exposición universal que conmemoraba el decisivo año de 1492, el descubrimiento era el leitmotiv de no pocos pabellones.

Como por ejemplo el de Malasia, cuyo lema «Discovery in diversity» resumía a la perfección el exotismo de su propuesta, extrapolable al resto de construcciones que integraban una pequeña plaza dedicada al sudeste asiático.

Tailandia, Singapur, Indonesia y Filipinas, por este orden, con el pabellón malayo en el centro. Todos con análogas dimensiones, y exhibiendo señas de la arquitectura tradicional de sus países, en el centro de la avenida 1, conocida en nuestros días como Thomas Alba Edison.

El descubrimiento que ofrecía Malasia era, a partes iguales, sus tradicionales espectáculos y productos, como el caucho o la madera (como sus curiosas peonzas) hasta la alta tecnología automovilística, en boga en el país durante los primeros noventa.

E… de Estación de Ecología Acuática (Mónaco)

El antiguo Pabellón de Mónaco de la Expo 92 siempre ha estado vinculado con el mundo acuático / Archivo - Fran Piñero

El antiguo Pabellón de Mónaco de la Expo 92 siempre ha estado vinculado con el mundo acuático / Archivo – Fran Piñero

El 30 de septiembre de 2014 se hacía realidad un largo proyecto que dotaba a Sevilla de un segundo acuario. Imbatible en cuanto a especies y dimensiones, pero no el pionero.

El precedente habría que buscarlo en la calle Albert Einstein, en el edificio que, 23 años atrás, fue la sede del Principado de Mónaco.

La gran atracción del pabellón, que como curiosidad replica en su portada el color y las líneas del Museo Oceanográfico y del Casino monegasco, era precisamente eso, un acuario. De los «envolventes», de los de tubo-pasarela.

Las instalaciones se mantienen, ya como sede de la Estación Ecológica Acuática «Príncipe Alberto I de Mónaco», de Emasesa. En ellas se estudian los ecosistemas de agua dulce y las peculiaridades del río Guadalquivir y su fauna y flora.

F… de Fcom (EE.UU)

La pared acristalada del Pabellón estadounidense ha dado paso a los remates color burdeos de la Facultad de Comunicación / Archivo - F. Piñero

La pared acristalada del Pabellón yanqui ha dado paso a los remates rojizos de la Facultad de Comunicación / Archivo – F. P.

Con una parcela de 8.053 metros cuadrados, el Pabellón de Estados Unidos pasaba por ser uno de los de mayor superficie de la Exposición Universal, tan sólo superado por el de España (14.989), Plaza de América (15.979) y Plaza del Futuro ( 23.640).

Sus patrióticas banderas, guiño a las naos y carabelas del Descubrimiento, situaban rápidamente al visitante en un espacio que repasaba la historia norteamericana. Incluso mostraba su preciada Carta de Los Derechos.

Lógicamente, EEUU, la cuna del celuloide con permiso de Francia, llevaba entre sus contenidos expositivos proyecciones y películas.

Lo que no imaginarían es que, once años más tarde, sobre el solar se construiría un edificio donde estudiar, precisamente, Cine. Entre otras disciplinas de la Prensa y lo Audiovisual. La Facultad de Comunicación, autodenominada Fcom, estrenó allí sede en 2003.

Se sumaba así a los centros de CEADE, desde 1993 y ahora en el terreno que ocupaba el Pabellón de Alemania, la UNIA (en dependencias del Monasterio de La Cartuja) y de la Escuela Técnica Superior de Ingeniería (antigua Plaza de América), ambas desde 1997, confirmando a la Isla de La Cartuja como nuevo campus universitario.