Probablemente lo vean cada día. O cada vez que entran y salen de Triana. Sigue siendo vigía del arrabal que ahora contempla desde su particular atalaya la «frontera» entre el barrio y Sevilla. Y aunque ya no ronde por las calles en plena madrugada velando por la seguridad de los vecinos, puede que sea el único sereno que pervive en la ciudad. Su anécdota, así como su silueta, son ya inherentes a la historia de Triana.

Ataviado con chuzo y farol, el viento dirige cada día su posición. El sereno Marchena corona la torre del campanario de la Capillita del Carmen, en el Altozano. Una veleta que alberga una peculiar historia sobre este popular personaje de la época de Alfonso XII que quedó inmortalizado en lo más alto de este emblemático edificio.

La leyenda bien la describe el trianero José Luis Jiménez en el blog Tri@na en la Red. «Una noche oscura se había descarriado un toro de un rebaño de los que habitualmente pasaba por Triana. El sereno Marchena, fiel cumplidor de su deber, fue avisando a todos los transeúntes del peligro potencial que corrían ante la posibilidad de encontrarse con el animal», apunta. «Era tal su celo profesional que al percatarse de una sombra, producida por un bulto que se movía por la calle Castilla, llegó a advertir al propio astado, recibiendo una tremenda embestida. Ya en la enfermería, Marchena relató a su jefe -Joaquín García Balao- que el animal lo levantó por encima de los tejados e incluso llegó a ver los palos de los barcos», prosigue Jiménez.

El percance no revistió gravedad y por su relato, su superior le apodó como «Veleta», «encargando a la cercana fundición Portilla & White una veleta con forma de la silueta del sereno, portando un chuzo y un farol, que finalmente se colocó en la torre de la antigua Capilla del Carmen y que se reinstaló en la nueva capilla por un artículo del periodista José López de San Miguel, publicado en «El Liberal», y que promovía dicha instalación», aclara José Luis Jiménez.

Un homenaje a la memoria de este sereno que hace honor al alias que adquirió por este particular hecho. Y aunque ya no hace uso de su chuzo, ese palo armado con un pincho de hierro para defenderse en la noche, ni ilumina las calles de Triana con su farol, el sereno Marchena continúa «vigilando» el barrio desde su atalaya en hierro forjado.