Quien no se haya cruzado alguna vez con el Chaque de Triana por las calles del arrabal, no ha pisado el barrio. Su característica fisonomía lo hace inconfundible: pelo largo, barba y una figura delgada «casi quijotesca» como compara algún vecino. Es frecuente encontrar a este emblemático personaje de Triana por San Jacinto, o en el Altozano, o por los locales señeros del barrio, y en muchas ocasiones sentado en un banco con mirada al infinito.

Este trianero septuagenario se llama Francisco Filigrana, más conocido como el Chaque de Triana. Y así, haciendo honor a su apellido, siempre ha hecho auténticas filigranas con los cepillos para dejar con un lustre impoluto los zapatos en su oficio de betunero. El trianero Emilio Jiménez Díaz describe una simpática anécdota que le sucedió hace un tiempo. «Tomando algo con Ángel Vela en la Taberna de El Carbonero, acababa yo de estrenar unos zapatos de ante verde oliva que me habían costado un riñón y me dice El Chaque: «Emilio, te voy a dejar nuevos los zapatos». Pero si son nuevos, los estoy estrenando y además el ante no se limpia», explica Jiménez Díaz. Prosiguió charlando con Vela y cuando el betunero finalizó su trabajo le dijo: «¡Ea, ya está a mi gusto!». Y el resultado fue que le había teñido los zapatos de ante de negro. «No sabía si matarlo o si darle las 1.000 pesetas que le dí. El Chaque es parte del corazón de una Triana ya perdida para siempre», añade.

Y es que este famoso betunero del arrabal es muy querido en el barrio, al tiempo que un gran desconocido con el que algunos rara vez han conseguido entablar conversación. Otro trianero, Paco León, apuntaba en el blog de Triana en la red hace unos años que descubrió al Chaque en una fotografía expuesta en un local del arrabal. Un día en San Jacinto, se cruzó con él y no dudó en acercarse. «Comenzó a hablar de la Hispano Aviación, de su hermano «El Bari», que había salido por televisión, me lo dijo con una copla… De forma inesperada, se levantó, me estrechó fuertemente la mano y desapareció sin más», apuntaba León.

Un «singular personaje»

Así lo define Emilio Jiménez Díaz. «Un singular personaje, llamado Francisco Filigrana Moreno, que ha lustrado los mejores zapatos de toda la historia trianera. Fue legionario en sus tiempos de juventud, con diez mil anécdotas de su tercio Juan de Austria, y terminó iluminando zapatos a compás de bulerías, mientras tiraba los cepillos por lo alto y te metía diez bayetazos de los buenos sin romper jamás el ritmo».

Como curiosidad sobre este oficio, Jiménez Díaz señala que «siempre han combinado su oficio con el de vender lotería, será cuestión de que siempre se les daba bien colarle un décimo a sus habituales. También ponían los naipes para no mancharte de betún los calcetines, utilizando siempre cartas de la baraja española». Un gremio al que ha pertenecido el famoso Chaque de Triana.

Imagen: retrato de Antonio Badía.