Dejar su legado trianero a los nietos. Ése ha sido siempre el objetivo de Esteban Hernández desde que hace más de un lustro comenzara a gestar su obra privada «Triana en la memoria. 1940-1960». Un libro que contiene los recuerdos de aquella infancia sumergida en la escasez de la posguerra, para dejar testimonio en primera persona a las generaciones venideras de aquella Triana «viva» con sabor a pueblo.

Anécdotas, costumbres, juegos tradicionales, personajes pintorescos y muchas vivencias, son los temas que Hernández ha desgranado, a sus 74 años, a lo largo de 120 páginas y 60 ilustraciones para perpetuar las reminiscencias de aquellos «niños de la posguerra». «La billarda, el trompo, entre otros, eran los juegos de antaño. Disfrutábamos con lo poco que había. Recuerdo cuando compartíaEsteban Hernández, el trianero que rememora la infancia de la posguerra el bollo con manteca colorá. Hoy eso se ha perdido», rememora con el anhelo de mantener viva la historia y la esencia del barrio.

«La Triana de los años 40 es una décima parte de lo que es ahora. Cantar, bailar, es la Triana viva que se echa de menos. El encanto se ha perdido y sólo quedará en la historia», lamenta no sin reflejar cierta nostalgia en su rostro. Y por ello, no ha dudado en retratar a través de sus recuerdos la Triana que añora, a pesar de las penurias y dificultades económicas, pues tal y como describe, nació «en la calle Castilla el 15 de agosto de 1940, el peor año de la posguerra que siempre se ha conocido como el año del hambre».

«Queda muy poco de la Triana antigua, el bullicio, los patios de vecinos, los higos chumbos, los pajaritos en la plaza de abastos», detalla. Una Triana perdida pero no olvidada que este trianero ya jubilado se ha encargado de plasmar y hacer llegar a familiares y amigos. «Quería dejar huella y testimonio de todo ello, por eso escribí este libro que no está publicado, lo suelo imprimir para amigos o conocidos que estén interesados», declara Esteban Hernández. Todo ello desde un plano «totalmente altruista y sin ánimo de lucro», y tras un intenso periodo de documentación y recopilando información con grandes historiadores del barrio como Ángel Vela.

La infancia del CatónEsteban Hernández, el trianero que rememora la infancia de la posguerra

Para situar al lector -sea trianero o no- Hernández realiza una introducción del barrio donde revela algunos datos relativos a la historia de Triana. Pero la información verdaderamente inestimable es la de sus recuerdos. «Cuando cumplíamos los cuatro años de edad, comenzábamos la enseñanza primaria. El material escolar consistía en un maletín de cartón piedra con una pizarra, un pizarrín y una libreta con la tabla de sumar, más otras dos libretas, una, un catecismo de Ripalda y la otra el Catón donde nos iniciábamos en la escritura haciendo palotes y círculos», señala en su libro.

De la época de la posguerra, describe los años del hambre cuando «abundaban en Triana los mendigos harapientos en busca de algo que llevarse a la boca, formaban largas colas en las puertas de los conventos y en los comedores que habilitó Auxilio Social para socorrerlos. Las estampas dramáticas estaban a la orden del día, sobre todo el chabolismo».

Pero también refleja la Triana de rejas floridas de geranios y jazmines, los tebeos, los corrales de vecinos, la Semana Santa, y un sin fín de viejos y sempiternos recuerdos. Con este libro, Hernández cuenta su Triana vivida, dejando un ejemplar que recorre ya toda España, pues son muchos los trianeros que lejos del arrabal, guardan como un tesoro esta joya testimonial.

Fotografías: ilustraciones publicadas en el libro privado de Esteban Hernández.