La billarda, la lima, el turco, al cielo voy o la gata parida. Probablemente a la mayoría de los niños del siglo XXI no les suene más que a historias antiguas de sus padres o abuelos muy alejadas de su realidad. Y de no ser por esas vivencias contadas a través del recuerdo, muchos ni sabrán de qué estamos hablando. Hace casi 50 años que esos juegos tradicionales dejaron de ser una de las estampas trianeras pero, ahondando en la memoria, recuperamos algunos a través de quienes pasaron sus años de la infancia recreándose con ellos.

«El primero que he visto jugar en las calles es la billarda. Se trataba de golpear un palo corto con uno largo, de forma que saltara el más pequeño y se golpeba en el aire. Quien consiguiera mandarlo más lejos era el ganador», rememora el escritor trianero Ángel Vela. Y aunque los más habituales eran «al coger» o «el pañuelo», confiesa que también estaba muy extendido «al cielo voy, donde participan dos equipos. Echándolo a cara o cruz, unos se agachaban como si fuera el cuerpo de un gusano, -con la cabeza casi en el trasero del que estaba delante-, y el otro equipo se lanzaba encima de ellos y debían quedar arriba sin caerse».

Una alpargata bastaba para disfrutar entre amigos a la gata parida, sentados varios amigos de cara a la pared, se pasaban el calzado y al que le tocaba quedar de pie, tenía que averiguar quién la tenía. «Así caía algún alpargatazo que otro», declara. Con cañas colocadas entre los adoquines, jugaban a la caza del zapatero porque «los atraíamos con agua y era increíble la cantidad que acudían». También lanzaban la lima, desde una determinada distancia, clavándola en el suelo húmedo y sin salirse de la cuadrícula marcada hasta llegar al final.

La billarda, la lima o el turco... ¿A qué jugaban los niños en Triana?

«Hoy, nuestras calles se han despoblado de niños jugando al trompo, a la lima, a la  piola -con, o sin espoliniqui-, a las chapas, a la tángana, al turco, al tejo, a las bolas (canicas para el profano), a las chapas,  a la pelota, al caballito, al pañuelo… Los niños de hoy están en casa al pie de una consola digital, sin más distracción que matando marcianos o bombardeando objetivos. Era una alegría en aquellos años 50 ver una calle poblada de críos que, según cada época del año, ponía en valor un juego u otro», apunta el escritor trianero Emilio Jiménez Díaz, quien recuerda también «el aro» como uno de los juegos infantiles «que por regla general era una llanta vieja de bicicleta a la que hacíamos girar con un palo».

Colecciones y manualidades

Cualquier utensilio servía para que los más pequeños se fabricaran sus propios juguetes. Según explica José María Fuentes, también del arrabal, «con botones grandes se jugaba al yoyo, escopetillas con un palo, un alfiler de tender y un elástico se disparaba el elástico». No olvida tampoco un entretenimiento simple como era el «calienta manos», «con las palmas de las manos, uno enfrente del otro, había que tocar las manos del contrario con más rapidez que el otro».

Juegos económicos al alcance de los niños cuya pasión eran los tebeos. «Era la gran distracción, existían infinidad de colecciones. Por aquel entonces los niños lo coleccionaban todo: las cajas de cerillas, los prospectos de cine, las estampas…», recuerda Ángel Vela. Contando además con que en los kioscos vendían productos dispares para el público infantil, desde espaditas a un real hasta algarroba o cañas de azúcar. Y no podía faltar el deporte rey, «con una pelota jugaban 20 y como había poco tráfico, las calles se convertían en campos de fútbol», añade.

Por aquel entonces los niños con los niños y las niñas con las niñas. Distinción de juegos según el sexo y las más pequeñas disfrutaban de otros entretenimientos que próximamente desvelaremos a través de la nostálgica memoria de los trianeros.